Tijuana, 24 de diciembre de 2025.- Para niñas y niños migrantes que permanecen en albergues de la frontera norte, la Navidad no siempre representa una celebración, sino un periodo que intensifica la nostalgia y el desarraigo, señaló José María García, director del Albergue Juventud 2000.
El responsable del refugio explicó que, aunque muchos menores aparentan normalidad en su comportamiento cotidiano, el impacto emocional de la migración forzada existe y suele manifestarse de manera silenciosa, especialmente al no comprender del todo la situación que viven.
Indicó que, al entablar diálogo con ellos, algunos relatan experiencias marcadas por violencia, pérdidas familiares o desplazamientos abruptos, situaciones que aún no logran procesar emocionalmente debido a su edad.
García detalló que entre las causas más frecuentes de la migración infantil se encuentran la violencia extrema, el desplazamiento por grupos criminales, la pobreza y la represión política, tanto en estados del sur de México como en países de Centro y Sudamérica.
Añadió que, aunque recientemente se ha observado una reducción en el flujo migratorio, esto no necesariamente implica que el problema esté resuelto, sino que podría tratarse de una contención temporal.
Finalmente, subrayó que el verdadero desafío será atender de forma sostenida las causas estructurales de la migración, para evitar que miles de niñas y niños sigan creciendo lejos de casa y en contextos de alta vulnerabilidad.





