Tijuana, 11 de junio de 2024.- Un trágico incidente a bordo del vuelo Y4 428 de Volaris ha desatado una oleada de preguntas sobre la competencia y preparación del personal de la aerolínea, así como sobre las políticas de manejo de emergencias médicas durante los vuelos.
El 8 de junio de 2019, José Francisco Ramírez Rodríguez y María Guadalupe Ramírez, una pareja de adultos mayores abordaron el vuelo en la ciudad de Tijuana con destino a Guadalajara. Francisco, quien dependía de un tanque de oxígeno para su supervivencia, fue obligado por un sobrecargo a dejarlo en la bodega del avión como equipaje documentado, asegurándole que la aeronave contaba con tanques de oxígeno de emergencia y que se le proporcionaría uno.
Dos horas después de haber despegado, José Francisco comenzó a tener serias dificultades para respirar. La situación empeoró rápidamente y, a pesar de los esfuerzos de una estudiante de medicina que viajaba como pasajera y le practicó maniobras de RCP durante 30 minutos, incluyendo dos descargas eléctricas para intentar reanimarlo, Francisco falleció a bordo del avión.
El avión continuó su ruta hasta llegar a Guadalajara, donde el equipo de primeros auxilios de Volaris constató el fallecimiento del hombre, informando que no podían hacer nada más y que era necesario esperar la llegada del Servicio Médico Forense (SEMEFO).
El informe de investigación de la Dirección de Seguridad Operacional y Aseguramiento de la Calidad de Volaris, fechado el 3 de julio de 2019, reveló que la Jefa de Cabina (JDC) había dormido solo 30 minutos antes del vuelo, lo cual pone en entredicho su capacidad para manejar emergencias de manera efectiva.





