Por Isabel Mendoza
Tijuana, 26 de mayo de 2026.- La disposición inadecuada de pilas usadas representa una amenaza directa a la salud pública y al medio ambiente en Tijuana. Al mezclarse con la basura común, estos residuos liberan metales pesados que terminan contaminando el agua y entrando en la cadena alimenticia humana, advirtió Jessica Castañeda Castillo, directora de la empresa de reciclaje Biosea.
El problema fundamental radica en los lixiviados, líquidos que se generan cuando las pilas entran en contacto con otros desechos tras ser desechadas incorrectamente en los hogares y vertederos de esta ciudad. “Al momento de que lo tiramos a la basura, va a haber el escurrimiento, va a llegar al manto freático, va a llegar al mar y entonces entra a nuestra cadena alimenticia”, explica la especialista. Este proceso convierte un desecho doméstico en un riesgo sistémico para los habitantes de Tijuana.
Castañeda Castillo subraya la incertidumbre sobre la composición de las baterías que circulan en el país. Datos de la Asociación de Amexpilas indican que el 40% de las pilas ingresan de manera ilegal, evadiendo controles de fabricación. “Las pilas pueden tener plomo, cadmio, mercurio, litio; son metales pesados”, detalla. Aunque el Convenio de Minamata prohíbe el mercurio en baterías, el mercado negro impide garantizar que los productos desechados cumplan con las normas ambientales.
Debido a que resulta técnicamente imposible separar manualmente cada pila para identificar sus componentes químicos en los centros de acopio, el manejo debe ser estricto. “Por principio de precautoridad, todas se manejan como peligrosas”, señala la directora de Biosea. El manejo inadecuado no solo contamina los ecosistemas locales, sino que cierra un ciclo donde la disposición final del consumidor afecta directamente su propia salud, bajo la premisa de: “si lo tiras, te lo tomas”.
La gestión correcta de estos residuos es fundamental para prevenir la infiltración de tóxicos en los recursos hídricos de la región. El seguimiento de estas políticas de manejo especial en Tijuana determinará si es posible mitigar la exposición de la población a metales pesados en los años venideros.





