Sólo la certidumbre electoral puede ofrecer certeza política, y hay que tener muy presente que las decisiones que delegamos a nuestros representantes populares a través de las urnas son las que repercuten y repercutirán en nuestro día a día.
Para quienes amamos la política, esta época representa lo mismo que para un niño en un parque de diversiones: adrenalina, hiperactividad, y la imperiosa necesidad de aprovechar el tiempo al máximo. Por eso me extraña que, en apariencia, todo esté tan apagado.
La dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética, no es Fidel Castro, es México. Porque es la dictadura camuflada, de tal modo que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene, de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura.
Usualmente comenzamos por el principio, sin embargo, ¿por dónde comenzar si no estamos en el principio? Los resultados, situaciones y acontecimientos políticos que hoy atestiguamos no son el inicio sino la consecuencia de decisiones previas. Algunas son muy antiguas, otras un tanto recientes.