CORONAVIRUS: el virus que no(s) asusta o  nuestros niños ya “juegan” a la guerra. || La noche de los Nahuales

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«— Es una situación muy difícil —me comentan mis amigos que trabajan en algunas zonas del continente africano. Otros, me explican sobre los brotes de violencia generados por grupos beligerantes que nunca llegan a ponerse de acuerdo en zonas hostiles. 

 

«—Lo más trágico —comentan, es el hecho de que las tropas en conflicto reclutan a niños para incorporarlos al frente de batalla —cuán carne de cañón— o llegan a las aldeas a raptar a las niñas, para venderlas como esclavas sexuales, —muchas de ellas sufren violaciones tumultuarias como una estrategia para sembrar una la ola de terror y derribar con ella la fortaleza de sus enemigos—. 

 

El África y sus conflictos “tribales”, desde México, se percibe muy lejos, distante, ajena. 

 

Le pregunto a un amigo —originario de Tanzania— cómo su país ha logrado evitar los conflictos raciales, las luchas armadas, la guerrilla o la guerra civil, característicos del continente africano. 

 

Me asegura que ha sido el éxito del primer presidente Mwalimu Julius Nyerere, quien desarrolló e impulsó la cooperación y el trabajo comunitario —el presidente acuñó el término «Ujamaa” que significa solidaridad familiar en lengua suahili—. 

 

Menciona mi amigo tanzano que el presidente de su país tuvo el acierto de impulsar la unidad nacional a través de la educación: nadie estudiaba en su propio pueblo. —“El presidente determinó que cada estudiante cursara sus estudios lo más lejos de su comunidad. Estabas inmerso en una diversidad enorme, los aceptabas y te aceptaban sin importar tu lugar de origen —aseveró.

 

«— “Entonces te encuentras fuera de casa, con cientos de extraños, nadie habla tu lengua y te sientes obligado a emplear el suahili —el idioma nacional— o el inglés, que también es idioma nacional. No sucede como en otros pueblos africanos que recién te subes a un camión, recorres un tramo y ya te enfrentas a la dificultad del idioma”, —explicó. 

 

El problema que enfrentan los pueblos de África son las innumerables tribus y clanes que no logran ponerse de acuerdo, ya por el idioma, costumbres, ambiciones personales o tribales, que dan origen a cruentas guerras civiles con sus trágicas consecuencias: matanzas e incontables violaciones a los derechos humanos. La parte de mayor crueldad la soportan los niños soldados y niñas que son vendidas como esclavas sexuales.

 

En los pueblos africanos recién se ponen de acuerdo los grupos beligerantes cuando ya otros desentierran el hacha de guerra con sus consecuencias inhumanas. Sólo basta formar un grupo, proveerles de armas, entrenarlos y darles la orden para aniquilar, masacrar y saquear a pueblos que por décadas han enfrentado la brutalidad de los movimientos armados. 

 

La experiencia sui generis lo constituyen  los conflictos civiles que experimentaron Ruanda y Sudáfrica, en décadas anteriores, con sus miles de muertos y desaparecidos —en ejecuciones sumarias—, y las violaciones tumultuarias, como método de tortura, y el genocidio. 

 

Y sí, si los hechos anteriores suceden en otros países éstos pueden parecernos ajenos. Aunque en México ya vivimos y seguiremos experimentando con nuestro propio “holocausto” y sus “crematorios”, las tumbas clandestinas, un “apartheid” y un “genocidio” muy mexicanos. 

 

Porque ya nuestros niños “juegan” a la guerra. 

 

Inmersos la mayoría de los pueblos bajo el control de la violencia, en una guerra civil, —no asimilada, no oficializada, no reconocida— donde los buenos sufren los embates de los malos, los niños combaten en una guerra no convencional, porque en ella no se respetan ni se aplican los pactos ni tratados internacionales que regulan e imponen normas a los grupos beligerantes. 

 

Frente a esta situación que viola los derechos más elementales de los niños, lesionando el derecho a una vida libre de violencia, al sano desarrollo, a la educación y al bien superior de la niñez, los funcionarios encargados de la seguridad, en los diferentes niveles de gobierno, sólo se escudan detrás de declaraciones ensayadas para paliar esta situación en la que se ven inmersos decenas de infantes que son, obligados por las circunstancias, a cambiar juguetes o los libros de texto por armas de fuego.

 

Es necesario cambiar el escenario para los niños que sufren en la línea de fuego la pérdida de su infancia, de sus familiares y, en última instancia, la esperanza y la confianza que brinda la inocencia. 

 

En otro tema, aunque no soy experto en cuestiones sanitarias escribo estas líneas con mucha suspicacia para cuestionar el por qué —curiosamente— todos los virus surgen y vienen de la lejana China. Lo cierto sobre el coronavirus es que ya ha “cimbrado” a las bolsas de valores y el dragón asiático, devenido en virus, ha golpeado a las bolsas más importantes del mundo, entre ellas, a la Bolsa Mexicana de Valores, BMV.

 

Me parece extraño, a partir de lo que se ha dicho sobre el tema, que no se reaccione, politizando el asunto, desde mi punto de vista, como sucediera durante el sexenio del presidente Felipe Calderón con el brote de influenza, H1N1. 

 

En ese entonces —en el escenario de un manejo mediático del tema— me pareció ver a un presidente con un semblante desencajado, mohíno, lánguido y lacónico que anunciaba una “terrible” enfermedad para la cual no había cura. Horas posteriores, el mismo presidente, con un semblante burlón, sardónico, irónico y mordaz, casi cómico, anunciaba que se había descubierto una vacuna, que ésta se encontraba en la lejana y distante China y que tardarían meses en llegar a nuestro país. 

 

Con base en lo anterior se desarrolló una parafernalia de jornada de limpieza extrema en centros de reuniones masivas: instituciones de educación, centros religiosos y de convenciones, entre otros. Prevaleció el miedo. 

 

Espero que en esta ocasión tal como aseguran las autoridades sanitarias alrededor del mundo y, en México, la situación se mantenga bajo control.

 

Para concluir, por lo pronto, exhorto —en mi ciudad fronteriza—  a las autoridades sanitarias a que es necesario darle un mantenimiento y revisión —pronta y expedita— a todo el sistema de drenaje y alcantarillado, ya que la inmundicia y la falta de higiene son las condiciones propicias para el brote y propagación de enfermedades. Dicho de otro modo, los albañales están a reventar y lo hacen a través de las coladeras y el pavimento. 

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