La noche de los Nahuales

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LA NOCHE DE LOS NAHUALES || Por Benjamín M. Ramírez

Durante la mañana del domingo participé en una carrera en la que —extrañamente— no existen vencedores ni vencidos, solamente triunfadores.  Tampoco existen premios. Se trata de la carrera “Corre con espuma” que auspicia la Fundación Castro-Limón, a través del Centro Oncológico Pediátrico,  para atender, de forma integral, a niños con cáncer.

 

Con la carrera se trata de correr por la vida, dando vida.

 

Y me llama la atención el propósito de esta fundación encaminada a atender y preservar la vida de cientos de infantes en las instalaciones de la fundación, —con más de 23 mil servicios, para más de 920 pacientes—, atención que se sostiene gracias a la ayuda de personas generosas que redondean sus centavos en las tienda de conveniencia y de eventos para la recaudación de fondos como el “Corre con espuma” o “Corre con color”. Fueron 5 kilómetros de recorrido que disfruté acompañado de las personas más significativas. En algunos tramos corrimos; otros, caminamos; unos más, trotamos.

 

Durante el trayecto nadie hace trampas ni se brinca los tramos para llegar primero porque no hace falta.

 

Pude presenciar la desesperación de un padre por el posible extravío de su pequeño. Solícitos, los cuerpos de seguridad, paramédicos y policías municipales ayudaron en la búsqueda. El infante fue localizado minutos después. Entonces puedes comprender el valor de la solidaridad y la ayuda mutua.

 

En la carrera participaron personas variopintas: lo mismo el obrero que el profesionista, el joven o el niño, ama de casa u oficinista, personas de la tercera edad o niños de pecho, todos gozaron del evento al atravesar las estaciones de energía en la que prácticamente te bañabas de espuma. Los infantes hacían del suelo, tapizado de espumas de colores, el mejor lugar para jugar.

 

En el evento pude reconocer muchos rostros apoyando la misma causa, por una niñez libre de cáncer. Los primeros en salir fueron las personas con capacidades diferentes. Todos quieren salir, pero nadie aspira a llegar primero para ganar.

 

Usted puede apoyar a la fundación Castro-Limón en eventos como el del domingo pasado o donar en las tiendas de conveniencia cuando se lo indiquen o en las instalaciones de la fundación, o siendo voluntario.

 

Ojalá y existieran un número mayor de fundaciones que atendieran la situación de niños en condiciones vulnerables.

 

En otro asunto. Los no nacidos han perdido la segunda batalla en el estado de Oaxaca. Después de la despenalización del aborto en lo que fuera el Distrito Federal, —hoy CDMX— Oaxaca se suma a lista de los estados en despenalizar el aborto con 24 votos a favor y 10 en contra. Existen entidades en donde también se ha abierto el debate pro-aborto.

 

Comprendo las causales que impone la ley: Por malformaciones congénitas, por el peligro de muerte de la madre o en casos de violación. Aunque el no-nato sea el menos culpable por la situación que lo sentencia a muerte.

 

Sin embargo, sin entrar en controversias por índole religiosa, éticas o falacias, me reitero siempre a favor de la vida porque el principio básico de la medicina es la preservación de la vida, no la muerte.

 

En un embarazo existe siempre la presunción de dos voluntades, ya en modalidad pasiva o activa o en la consciencia plena para comprender el hecho al que se hace mención.

 

En la génesis de la vida no existen casualidades.

 

Un embarazo es causal.

 

Ya por la falta de información oportuna y eficaz, con una educación sexual que privilegie el sexo con responsabilidad, ya por el abandono de los hijos a la suerte con padres ausentes o desinteresados en el destino de sus vástagos. Y en este caso, los no-natos no tienen responsabilidad jurídica alguna.

 

Y claman por justicia y se la estamos negando.

 

¿Y la escuela? La mayoría de los embarazos se da en la etapa de la adolescencia, durante la secundaria o preparatoria. Aquí se debe atajar con un bombardeo informativo y de formación por una sexualidad libre de tabú, con charlas que brinden información a libre demanda.

 

No se puede argumentar falazmente que un embarazo tenga que ver con la falta de información o desconocimiento de los métodos anticonceptivos. Por si se olvidó o falló el preservativo, existe la píldora de emergencia, tan accesible es, que lo puedes adquirir sin receta médica.

 

Tampoco se puede culpar a la pobreza. Entre los pobres un recién nacido es un asunto de manutención y supervivencia. Un bebé en camino no es un caso fortuito, bajo ninguna circunstancia. Sí, de muchos pretextos.

 

El principio ético que debe regir a esta sociedad que se bañará en sangre inocente es “Entre un conjunto de males, el mal menor” o “entre un conjunto de bienes, el bien mayor”.

 

Tampoco me aferro a la idea a partir del papá convertido en abuelo de su hijo. Tampoco comparto la idea de ver en el hijo al rostro del agresor, mucho menos en que el bebé represente una carga económica y emocional para la adolescente que se aventuró con el novio que le prometió la luna y las estrellas y la abandona a su suerte o de aquel varón que eludiendo su responsabilidad frente a un embarazo rehúye al hecho y obliga a su pareja a practicarse un aborto.

 

Lo anterior habla de una sociedad que ha errado y extraviado el rumbo por el respeto y preservación de la vida.

 

Dar vida va más allá de las posibilidades concretas del ser humano. Ni siquiera somos dueños del sueño nocturno o de la luz que hace nacer al nuevo día, o de la noche que invita al reposo, tanto a hombres como a las bestias del campo. Tampoco somos dueño de la vida, somos depositarios. Se nos ha concedido vivir.

 

La naturaleza en su sabiduría sabe seleccionar a los más aptos. Así lo dice la ley de la preservación de las especies, de la evolución natural. No cortemos de tajo a los no-natos esta posibilidad única para competir.

 

Si les preguntamos a un no-nacido si quiere vivir, tendremos que responder por ellos: Sí a la vida.

 

Derrotemos a la cultura de la muerte.

 

2 de octubre no se olvida…

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