LA NOCHE DE LOS NAHUALES  || Por Benjamín M. Ramírez

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UN PRIMER INFORME QUE ES EL TERCERO, PORFIRIO REELEGIDO O MORALMENTE DERROTADO…

 

Con más del 67% de aprobación ha llegado el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, a rendir su primer —tercer— informe de labores sobre el estado que guarda la nación.

 

En lo particular, los logros alcanzados por la actual administración federal no me dice nada: ni la reducción del huachicol al 94%, lo que supone —según el primer informe— un ahorro por más de 54 mil millones de pesos, que la inflación en julio haya sido de 3.8%, que se haya incrementado el salario mínimo al 16% y que fueran creados más de 300 mil empleos, o que sus adversarios estén moralmente derrotados.

 

Si bien es cierto que Andrés Manuel López Obrador supo disculparse inteligentemente ante los nulos y nefastos resultados en materia de seguridad, reconociendo que no ha sido empleada la mejor estrategia para disminuir la inseguridad y los índices delictivos, también es cierto que es una demanda urgente que cubrir ante la exigencia ciudadana que ya no sabe ni a qué santo encomendarse.

 

En una encuesta registrada por un diario local después del informe  en el que se cuestiona ¿Cuál es el asunto más urgente que debe atender el gobierno de AMLO?, la ciudadanía ha respondido: salud: 4%, educación: 6%, atención a la pobreza: 9%, economía: 14%, seguridad: 63%.

 

Creo que si el titular del ejecutivo federal ha reconocido que lo implementado hasta hoy no ha dado resultado deberá revisar, junto a los funcionarios encargados del tema, las estrategias empleadas, los errores, aciertos, y supongo, que con fundamento en la lógica más elemental, cambiar la táctica.

 

Urge un viraje de timón. Es responsabilidad del Estado el de garantizar la seguridad. Y aquí falta la estratagema del gato más anciano y sabio según el relato “Ponerle el cascabel al gato”: “aplaudiré cuando alguien sea capaz de ponerle el cascabel al gato”.

 

No se trata de la estrategia, ni de la fuerza policial o el nulo trabajo de inteligencia —si existe trabajo en este rubro, no se ve ni se nota— o recomendar el catecismo de primera comunión a los que mantienen en zozobra a la comunidad para disminuir o acabar con la ola de violencia que azota a todos por igual, sino de la efectiva aplicación del estado de derecho y de constituir leyes que respondan a la demanda real que reclama más de la mitad de la ciudadanía ante los vergonzosos y nefastos resultados en el tema de seguridad.

 

Ya es hora de que la administración federal y su gabinete, legal y ampliado, pongan manos a la obra para cumplir la tarea. En todo caso estaremos sacrificando uno de los derechos humanos más elementales, el de vivir en libertad, sin miedo, sin el lánguido pensar ¿Quién me asaltará hoy?

 

Y en el Congreso de la Unión, aparte del peso que supone el primer informe por escrito de las labores ejecutadas por el presidente de la república, también pesa la reelección de Don Porfirio —Muñoz Ledo—, no Porfirio Díaz, tal como lo ha reclamado la bancada panista ante la jugada maestra implementada por la fracción parlamentaria de Morena con la firme intención de quedarse no sólo con un año o dos, sino con los tres años que comprenden la LXIV legislatura federal. Con ello, los blanquiazules se quedaron sin la ansiada presidencia, siendo Don Porfirio, ya en el cargo, por un año más, el presidente del Congreso de la Unión.

 

¿Qué significado tendrá para López Obrador al decir: “moralmente derrotados”? Es la expresión que ha dado tema y ha constituido el tono de la polémica este 1 de septiembre.

 

Moralmente derrotados es convocar a una marcha multitudinaria y sólo congregar alrededor de mil.

Moralmente derrotado es impedir el retroceso del país cuando por más de ocho décadas fueron el freno de mano que impidió que esta nación despegara: Alito.

Moralmente derrotados es esperar un recinto repleto para la conformación de la asamblea y que éste luzca vacío: México Libre, Calderón.

Moralmente derrotado es no tener un rumbo infalible en materia educativa: E. Moctezuma

Moralmente derrotado es tener la obligación de entregar la presidencia municipal a la comisión de recepción y transición y aferrarse para no hacerlo: J. M. Gastélum

Moralmente derrotado es que los maestros esperen el tan ansiado aumento salarial prometido.

 

Imagina a alguien que ha sucumbido ante un despido, justificado o no, se encuentra moralmente derrotado. Tener el conocimiento de un ruptura en puerta, te convierte en moralmente derrotado; no contar con el salario que pueda satisfacer tus necesidades más elementales se traduce en moralmente derrotado, reprobar un examen que supone una mejoría en tus percepciones salariales, te orilla a estar moralmente derrotado, pero estas son cuestiones exiguas.

 

Ahora, perder un familiar que es el soporte económico de la familia, te convierte en un ser moralmente derrotado; tener a un amigo, pariente, hijo, hermano, esposo, desaparecido, también te convierte en una persona moralmente derrotada. No tener acceso a los mecanismos de justicia también te transforma en un ser moralmente derrotado. Estar detenido injustamente y ser condenado siendo inocente aniquila toda esperanza.

 

Moralmente derrotado es la peor situación por la que puede atravesar cualquier persona. Ahí se acaban las esperanzas, los deseos, las ganas de luchar, de levantarse, de salir adelante, de combatir nuevamente.

 

La confianza y la desesperación se instauran en el alma más prolija, más fuerte. Estar moralmente derrotado aniquila toda ansiedad, el miedo que te puede mantener despierto, destruye tu integridad, los sueños  y toda noción de trascendencia. En suma, te convierte en una piltrafa humana.

 

Desmoralizar a la víctima es el mecanismo de todo acto delictivo. Porque evita cualquier réplica, lucha o controversia. La aniquila.

 

Y creo que todos los que aspiran a tener un país en el que se pueda convivir pacíficamente, sin la zozobra y el terror, estarán en breve moralmente derrotados.

 

Si la ilegalidad tiene razón de ser, pelear no tiene sentido.

 

Si la justicia cede su sitio a la perversidad, si los buenos se hacen a un lado, combatir no tiene sentido.

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