Sello de fronteras norte y sur de México cobra vidas ǀ Por: Bernardo S. Cisneros Medina

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Bernardo S. Cisneros Medina

El chistecito a Andrés Manuel López Obrador, de sellar las fronteras Norte y Sur de México con veinte mil efectivos entre soldados, marinos y elementos de la Policía Federal,  con tal de contener por las buenas o por las malas la ola de miles de migrantes centroamericanos que intentan de igual manera alcanzar el sueño americano, le salió bastante caro pues ya cobró sus tres primeras víctimas en el Río Bravo, a la altura de Matamoros, Tamaulipas, cuando el domingo 23 de junio la niña Valeria Martínez de un año y once meses de edad, junto con su padre ambos de El Salvador, perecieron ahogados en el referido río, crudas imágenes que con los avances de la tecnología en cuestión de segundos rápidamente le dieron la vuelta al Mundo sobre todo en las redes sociales.

Pero el 14 de junio a la altura del poblado Agua Dulce, Veracruz, Zenaida, de 19 años de edad, nativa de El Salvador, murió de un balazo en la frente cuando viajaba en compañía de otros migrantes centroamericanos en una camioneta que los transportaba a la frontera Norte de México, debido a que la joven salvadoreña tenía la intensión de arribar a California, Estados Unidos para trabajar de limpia casas, cruce ilegal por el cual el padre de la ahora occisa pagaría a los polleros la cantidad de Once Mil Dólares en efectivo.

Temas de los que Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, hasta ahora no ha dicho ni media palabra,  pues está más ocupado y preocupado en cumplir con las órdenes que a través de Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Relaciones Exteriores, recibió el 7 de junio de parte de Donald Trump, luego de que los gobiernos de Estados Unidos y México firmaron un acuerdo de 45 días en los cuales el mandatario mexicano se comprometió a contener la oleada de miles de forasteros centroamericanos, que exigen asilo político en la Unión Americana, a cambio de que el gobierno Lopezobradorista no sea castigado por el Tío Sam con la aplicación de severas sanciones, más allá del 5% de aranceles a los productos mexicanos que se exportan al vecino país del Norte. ¡Vaya vecinito!

Si bien es cierto que la muerte de migrantes centroamericanos que por obvias razones, usan a México como su ruta natural para arribar a Estados Unidos, no es un tema nuevo, más bien ya es recurrente como sucedió con la también salvadoreña Zenaida, sin que los autores de tan cobardes asesinatos sean capturados encarcelados y sometidos a juicio,  la muerte por ahogamiento de la niña Valeria Martínez y de su progenitor, hoy cobra mayor fuerza, en virtud de que a lo largo de los tres mil, ciento sesenta y nueve kilómetros de la frontera Norte de México con la frontera Sur de Estados Unidos del martes 19 del mes y año en curso, se reforzó la vigilancia, cosa nunca vista por millones de mexicanos que radican, trabajan y estudian en ambos lados de la frontera quienes a lo largo del actual sexenio se acostumbrarán a ver que las fuerzas castrenses convertidas en la Guardia Nacional, harán labores de Border Patrol, reforzamiento que tal vez cobrará más muertes de migrantes centroamericanos y de otros países, que tarde que temprano obligará a López Obrador a darle un vuelco a su política antiinmigrante; claro está siempre y cuando el magnate estadounidense Donald Trump, cobijado por el Partido Republicano, no logre la reelección para estar en la Casa Blanca por un segundo periodo de cuatro años.

Si en la frontera Norte de México la cosa está que arde, en la frontera Sur de nuestro país que comprende la nada despreciable longitud de tres mil doscientos treinta y cuatro kilómetros, no cantan tan mal las rancheras toda vez que los demonios andan sueltos debido a que también fue reforzada con elementos de las Secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina Armada de México, así como de la cada vez agonizante Policía Federal, quienes junto con personal del Instituto Nacional de Migración revisan aleatoriamente vehículos del transporte público para ver quien o quienes de los pasajeros cuentan o no cuentan con identificación oficial.

 Pero a las crudas imágenes de los cadáveres de la niña salvadoreña y de su padre que murieron ahogados el domingo 23 de los corrientes en el Río Bravo, por Matamoros,  Tamaulipas en su intento de alcanzar el inalcanzable sueño americano, también se suman duras fotografías, del amotinamiento que el 25 de junio escenificaron migrantes haitianos y africanos hacinados desde hace varios días en el albergue temporal Feria Mesoamericana, en Tapachula, Chiapas, quienes ya pegaron el grito en el cielo, al exigir un mejor trato para ellos y sus hijos menores de edad.

Ahora sí que Andrés Manuel López Obrador con su política antiinmigrante salió de Guatemala y entró a Guaterpeor, en aras de quedar bien con su homólogo estadounidense Donald Trump, ante el temor de que México no sea objeto de un duro castigo si desobedece.

El autor de esta columna es periodista desde hace 35 años, es director del portal de internet www.ensaladadeportivabaja.net y es Licenciado en Derecho egresado de la Universidad de Tijuana CUT, Campus Altamira.

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