Urge política para manejo y separación de residuos sólidos urbanos

Cada mexicano genera un promedio de 1.2 kilogramos de basura al día

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Hay marcas que fueron identificadas como los mayores contaminantes por su nivel de producción y participación del mercado de agua embotellada o bebidas principalmente.

 

Tijuana.- Según cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), cada mexicano genera un promedio de 1.2 kilogramos de basura al día, lo que equivale a 438 kilos al año, por lo que urge impulsar una economía circular que permita la generación de menos residuos sólidos urbanos.

 

Así lo destacó el ingeniero José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), afirmando que muchas iniciativas han sido poco efectivas porque se aplican “al final del tubo”, por lo que hoy es vital considerar esta problemática desde su origen, promoviendo la separación de residuos desde su punto de origen.

 

“La recolección de residuos sólidos urbanos separados a nivel nacional podría ser un buen inicio; la autoridad ambiental federal, Semarnat, está llamada a jugar un papel protagónico para la gestión integral de los residuos con políticas nacionales y aplicaciones e impactos regionales y/o locales en este tema”, puntualizó.

Es vital cambiar la forma en que hoy producimos y consumimos, afirmó José Carmelo Zavala, porque una economía lineal se basa en el modelo extracción-producción-consumo-desperdicio, mientras que en una economía circular se cierran los ciclos de producción y los recursos naturales se mantienen en constante flujo, por lo que no hay desperdicio.

 

Citando las palabras de Adriana Zacarías, coordinadora regional de Eficiencia de Recursos para América Latina y el Caribe de la ONU Medio Ambiente, dijo que hay que aprender de la naturaleza, donde no hay desperdicio porque todo lo que ésta genera es insumo o alimento para otro organismo, como las hojas de un árbol, que son abono para la tierra.

 

José Carmelo Zavala afirmó que, alineados con la campaña sobre “océanos limpios” que lanzó la ONU, los gobiernos municipales y estatales en varias partes del país han desarrollado iniciativas para la eliminación de bolsas de plástico, popotes y, en general, productos plásticos desechables o de un solo uso.

 

Añadió que también organismos empresariales y grupos ambientales han impulsado campañas con distintos matices y alcances para desalentar el uso de popotes o bolsas, a veces prohibiendo también plásticos biodegradables y algunas de ellas excluyendo a micro y pequeños comercios, por su número de empleados o la magnitud de su facturación.

 

Exhortó a enfocar los esfuerzos en una nueva normatividad de envases y embalajes que busque, en primer lugar, la reducción, aplicando conceptos como economía circular, para que haya envases y embalajes universales en diseño, color y material, lo que facilitaría su reúso y reciclaje, reduciendo al mínimo los residuos.

 

El director del CIGA recordó que la característica biodegradable es la propiedad de algunos materiales para descomponerse en el ambiente en un tiempo relativamente corto, esto gracias a la acción de microorganismos, siempre y cuando existan condiciones de aire, humedad y temperatura propicias, sin embargo, estos residuos también son un reto.

 

Explicó que el mal manejo de residuos biodegradables en cuerpos de agua como lo son ríos, lagos y océanos también puede tener impactos negativos importantes, esto debido a que para que el proceso de biodegradación pueda llevarse a cabo, los microorganismos usan el oxígeno disuelto en el agua que los peces y otras especies requieren para vivir.

 

Zavala Álvarez recordó que como parte de la contaminación marina existen micro plásticos generados en la degradación y fragmentación física de envases o desde fibras textiles o de productos cosméticos; además, calificó como “paradójico” que el vidrio pueda sustituir al plástico con el argumento de no biodegradable, siendo que tampoco es biodegradable.

 

“Las estadísticas sobre los principales productos encontrados incluyen botellas, filtros o colillas de cigarros, bolsas o tipos de plásticos como PET, HDPE o poliestireno; hay marcas que fueron identificadas como los mayores contaminantes por su nivel de producción y participación del mercado de agua embotellada o bebidas principalmente”, remarcó.

 

Ante las iniciativas que buscan reducir el uso de los plásticos y sustituirlos por materiales biodegradables, como papel o textiles, el director del CIGA sostuvo que lo no biodegradable puede ser una virtud porque se elaboran productos más duraderos, siempre y cuando se recicle el material, en vez de seguirlo tirando como simple basura.

En el caso de las bolsas, comentó, es paradójico que la prohibición de usarlas esté ligada al calibre, al grueso del plástico del que está hecha; la prohibición no es por el material, es por la duración, de modo que cuando es más grueso significa que se usó mayor cantidad de material en la elaboración y entonces la bolsa tiene tiempo mayor de vida útil.

 

“Observando todas estas campañas impulsadas por diferentes entidades, sean nacionales o internacionales como la ONU, podemos afirmar que todos los esfuerzos son muy valiosos y localmente es necesario adaptarlos para que tengan éxito, porque existe la oportunidad de mejora para una mayor articulación desde las políticas públicas locales”, finalizó.

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