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Transiciones || Víctor Alejandro Espinoza

EL DUELO

No será nada fácil gobernar para Andrés Manuel López Obrador. A partir del 1 de diciembre inicia un gobierno distinto. Nunca antes había ganado la presidencia de la República un candidato que se reclamara de izquierda.

 

Populista, dirían algunos, socialdemócrata, otros. Nadie lo podría calificar de un politico de derecha. Un personaje que desata pasiones a su paso: hay quienes lo idolatran, otros lo odian con el estómago. Un personaje que seduce o que genera animadversions.

 

Todavía no asume el cargo y ya se le exige como a un presidente consolidado. No hay semana en que sus detractores no lo critiquen por lo que hizo o dejó de hacer. AMLO en el centro de las redes sociales y en los medios de comunicación.

 

Por muchos años los críticos del sistema presidencialista consideraban que una las desviaciones de este sistema era el autoritarismo de quien encarnaba el Poder Ejecutivo.

 

Se decía que todo lo controlaba, que todo lo decidía. Nada era posible sin el visto bueno presidencial. Hoy la paradoja es que quienes decían que buscaban un cambio reivindican lo mismo de lo cual renegaban.

 

Sus críticos exigen que AMLO esté al tanto de lo que hacen todos los miembros de su partido: MORENA. Si a alguien le toman una foto en un restaurante fifi y es morenista: critican a AMLO. Si alguien logra un ascenso en clase premier y se le relaciona con el presidente electo, le tunden a éste.

 

Si su colaborador César Yáñez decide hacer una boda fifi y cometer la imprudencia de salir en la revista Hola, AMLO tiene que salir a decir que el solo fue un invitado y no quien se casó.

 

Que si Sergio Mayer es designado presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados: la culpa es de AMLO.

 

Que si Cuauhtémoc Blanco invita a ex jugadores del América a su gabinete: la culpa también es de AMLO.

 

Esa será la la actitud de los comentócratas y críticos de redes sociales. Buscar cualquier error, cualquier desliz de un diputado, senador, alcalde o funcionario morenista para atizarle a AMLO.

 

Esa es la paradoja profunda: quieren que López Obrador controle todo lo que digan o hagan los tres poderes de la Unión.

 

Todavía no toma posesión y ya añoran los tiempos del sistema presidencialista autoritario.Que todo sea obra de un solo hombre.

 

Considero que detrás de las ácidas críticas y actitudes pejefóbicas hay una especie de duelo no resuelto.

 

La pérdida sufrida a partir de la derrota electoral ha llevado a los detractores, primero a la negación y después al coraje expresado a través de mensajes y artículos.

 

Y es que no se trata de una simple derrota. Para muchos de ellos significa la posible pérdida de millonarios ingresos desde el gobierno.

 

Carretadas de recursos que muchos articulistas, escritores y comentaristas de radio y television que se dedicaron en los 12 últimos años a denostar a AMLO recibían.

 

El dolor por la pérdida es muy grande sólo comparable con su inmenso coraje. Falta un tiempo para que pasen a la siguiente fase de su duelo: la aceptación.

 

Aunque quizás esto no ocurra y seguirán deambulando por las redes sociales y editoriales con su inmensa tristeza a cuestas.

 

Esa comentocracia no se tocará el corazón para buscar que le vaya mal al gobierno de AMLO. Su pérdida económica fue enorme.

 

Su meta es el 2024 para tratar de tomar venganza. Me llama la atención que su discurso apunta a la predicción de que el régimen politico transitará hacia el totalitarismo.

 

Buscan entre los teóricos argumentos para justificar su caracterización.

 

Se apoyan en los textos clásicos de Hannah Arendt y Raymond Aron para ajustar la realidad al formato. Ven a Hitler o Stalin en cada discurso de AMLO. Sí, habrá que tener paciencia y mucha disposición al diálogo.

 

Ellos serán violentos, los que quieren un cambio deberán ser tolerantes y convincentes. Esa es la diferencia; pero no será nada fácil.

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