Opinión || Jesús Monje Benítez

La ruta hacia el Bienestar (4ª. de 7 consideraciones)

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La ruta hacia el Bienestar (4ª. de 7 consideraciones)

Existe gran variedad de seres vivos que tienen la capacidad de aprender, al igual que aquellos aferrados a su conservación y supervivencia. Los seres humanos, en uso y manifestación de nuestras habilidades mentales tenemos la responsabilidad permanente de ejecutar y facilitar las condiciones que favorecen nuestra vida y nos alejan de las enfermedades o disfuncionalidades, como mínimo acto de inteligencia e instinto de conservación. La clave es lograr el enfoque necesario para propiciar la adecuada percepción y comprensión de las diversas experiencias que nos conforman, para así realizar los cambios necesarios en esta búsqueda y permanencia del bienestar. He aquí una cuarta consideración al respecto.

  1. Aprender para renovarse.

Según el conductismo el aprendizaje se manifiesta por la modificación de comportamientos, pero esta capacidad que es facilitada por nuestras inteligencias e instintos, requiero de una disposición al cambio, una conciencia y sentido común sobre lo que nos es esencialmente conveniente.

Es momento de replantear los hábitos y costumbres inculcadas e impuestas durante nuestro desarrollo, desde el núcleo familiar o a partir de la dinámica social, por ejemplo, aun cuando existe una tendencia nacional al estrés laboral, podemos como individuos responsables, racionales y sensibles, optar por un estilo de vida basado en la conservación de la vida y su calidad.

Desde luego que para la salud no es soluciones mágicas, por lo que la adopción y práctica de nuevos hábitos serán factores determinantes en la persecución del objetivo bienestar. También existen capacidades mentales que facilitan el aprendizaje y potencian la creatividad ante la búsqueda de soluciones, una de ellas es la “flexibilidad cognitiva” que nos permite cambiar de un punto de atención a otro para ver, por ejemplo, las opciones de las que disponemos en la vida, las posibilidades de solución ante un conflicto, en este caso sobre los estados de salud, sean mentales, físicos o emocionales. Es una herramienta fundamental para tener comportamientos cooperativos, ya sea en las relaciones con otras personas o bien con nosotros mismos, lo cual disminuye el riesgo de caer en el aprisionamiento de nuestras propias obsesiones, conductas y pensamientos negativos, así como el de tomar actitudes oposicionistas o ajenas a la cooperación, que se suelen manifestar en los conflictos cíclicos y crecientes, con los cuales afectamos las distintas áreas de la vida y las relaciones donde nos desempeñamos día con día.

A partir de la flexibilidad mental se hace posible y eficaz el aprendizaje a partir del error, el cual permite el adecuado direccionar de los actos y decisiones en lo que compete a cualquier aspecto de la vida, pero principalmente cuestiones tan simples como lo que es conveniente o no para nuestra salud.

Es un gran momento para aprender de nuestros aciertos y desatinos, para aumentar nuestra autopercepción y descubrir aquello que nuestro organismo de manera física o intangible requiere cambiar para situarse en estados de satisfacción duraderos y hacer eficaz todas las funciones diarias que garantizan su conservación, nuestra conservación.

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