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Desde la Frontera || Blanca Vázquez

Migración y crisis humanitaria

Nuevamente el discurso incendiario del presidente Trump coloca en los reflectores la problemática migratoria. Ahora a causa del Viacrucis Migrantes en la Lucha 2018, una caravana organizada anualmente por asociaciones sociales de apoyo a migrantes en México, que Donald Trump imagina como “una manada de migrantes peligrosos y andrajosos camino a la frontera”, razón por la cual exigió al gobierno mexicano pararla o atenerse a las consecuencias.

La respuesta del gobierno mexicano, luego del anuncio del envío de entre dos y cuatro mil efectivos de la Guardia Nacional estadounidense a su frontera sur, no se hizo esperar. El discurso nacionalista del presidente Peña Nieto, que aglutina a todas las ideologías políticas en el país, hoy ensancha el sentido patriótico de todos. Pero lo cierto es que ninguno de los dos discursos, o el debate político mundial sobre la problemática, van al fondo del asunto.

Al igual que la emergencia migratoria que vivió Europa en 2016, la crisis migratoria en Centroamérica y México se vuelve cada vez más real y palpable.

La caravana de migrantes, o también llamada el Viacrucis del migrante todos somos americanos de nacimiento, organizado por la asociación Pueblos sin Fronteras se ha realizado anualmente durante los últimos años y al igual que otras movilizaciones de grupos sociales, busca llamar la atención sobre el problema humanitario detrás de la migración; además de respaldar demandas específicas de los grupos organizados, tales como recordar a los Estados de los países involucrados en su responsabilidad para con sus ciudadanos, particularmente en temas de seguridad y desarrollo, o solicitar –en este caso específico– mayores recursos económicos para que la Comisión Mexicana de Refugiados (Comar) haga su trabajo en el tema que le compete: integración o devolución voluntaria a sus países de origen.

De a poco los propios migrantes se dan cuenta que la migración masiva puede ser un recurso para su movilidad segura desde sus lugares de origen y hasta el destino buscado, en México o Estados Unidos.

No es lo mismo viajar solo cientos o miles de kilómetros exponiéndose a asaltos, extorsiones, violaciones o muerte, que hacerlo acompañado por otros cientos de personas amparados en una causa humanitaria y apoyados por organizaciones sociales, quienes al final del día han sido y seguramente continuarán siendo el principal recurso de asistencia y apoyo a las y los migrantes frente a la ausencia del Estado.

Detener una movilización de este tipo es políticamente incorrecto frente a la crisis humanitaria y vulnerabilidad de las personas migrantes, tal como ha sucedido con población haitiana o cubana, por lo que la respuesta de los gobiernos municipales, estatales o federal es –si bien no apoyar– facilitar su tránsito por nuestro país.

La migración masiva la hemos visto en otros momentos históricos o en otros contextos geográficos. Frente a ella debemos recordar nuevamente el principio planteado por las Naciones Unidas (ONU) en 2016: el reparto de responsabilidades entre países para lograr una migración segura y digna para las personas. México, además de origen para la emigración, no puede negar su condición receptora de migrantes centroamericanos de los últimos años, y tampoco su posición para el tránsito de personas rumbo a Estados Unidos.

Nuestros vecinos no pueden eludir su fuerza de atracción para migrantes mexicanos y centroamericanos, no sólo por los lazos o redes familiares construidas por décadas, sino también por el contraste y brecha en el desarrollo de las economías regionales que llevan a miles de personas a soñarse en una mejor condición de vida en ese país.

Los países centroamericanos deben hacer mayores esfuerzos en generar condiciones de vida digna y segura para su población, que les permita tener oportunidades de desarrollo personal y profesional; porque como lo pregunta una mujer participante de la caravana: quién quiere dejar su país, su hogar y sus familiares para migrar.

 

La Dra. Blanca Vázquez, es investigadora del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte, sede Nuevo Laredo.

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