Opinión || José Carmelo Zavala Álvarez

Ecosistema único y ley de gravedad obligan a trabajo colaborativo en la frontera

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En la frontera de Baja California y California, el ecosistema único compartido y la ley de gravedad obligan al trabajo colaborativo, pues todo lo que se ponga en la parte alta de la cuenca hidrológica terminará en la parte baja, por lo que la palabra clave en la construcción de comunidad es colaboración, no competencia.

Cuando los conceptos biológicos ordenados y diseñados por la naturaleza no son atendidos en el interés sociocultural, económico, político, la necedad y fuerza del orden ecológico se cumple y expresa sin piedad.

Según la lógica de la ley de gravedad, lo que pongas en la parte alta de la cuenca hidrológica terminará en la parte baja; nadie en su sano juicio puede contradecir o negar esto, y tampoco hay intencionalidad, pues la cuenca se define por “parte aguas” que define la propia topografía, no por la voluntad y división política de países, ciudades o condados.

El reclamo de las autoridades de los gobiernos municipales del norte de la frontera por los impactos ambientales en la parte baja de la cuenca, y en Estados Unidos, ha estimulado la asignación de recursos para los gobiernos locales en la parte alta de la cuenca, y en México, para aminorar estos impactos ambientales.

Todos los sólidos y líquidos que se dispongan en la parte alta, la ley de gravedad los transportará a la parte baja de la cuenca, este es el reclamo de San Diego; seguro hay otras preocupaciones y variables a considerar, como los ejercicios militares en la zona, que causan disturbios a la fauna y alteran la vida de aves y su reproducción, entre otros impactos.

La lección de un ecosistema único compartido, nos enseña que colaboración, no competencia, es la palabra en la construcción de comunidad; la región Tijuana-San Diego lo merece, más aún Baja California y California, pues esta mega región basa buena parte de su fortaleza en la interdependencia aceptada.

Habría que considerar también, que los escurrimientos de aguas residuales superficiales son de alguna manera temporal, pues cuando llegan al océano toman dirección al sur, dado que las corrientes oceánicas son normales de norte a sur; estas y otras interacciones en ambas direcciones hacen evidente el trabajo conjunto y obligado.

Así, en la frontera cruzan sólidos y líquidos por la ley de gravedad, porque son liberados o dispuestos por considerarlos sin valor, nadie los quiere o retiene porque su posesión no agrega valor; la clave está en la valorización, tal vez hasta en el diccionario no deben llamarse residuos sólidos o aguas residuales, para que la comunicación tenga significado y valor entre la comunidad fronteriza de ambos lados de la frontera.

Ley de gravedad es una ley de la física y no respeta las jurisdicciones políticas de las fronteras artificiales impuestas al margen de criterios ecológicos; ello es un argumento válido para que quienes habitan en la parte baja de la cuenca no acusen de dolo a los habitantes de la parte alta, pues hay responsabilidad de todos en procurar la salud ambiental del ecosistema compartido.

La paradoja, es que los limitados recursos y débil capacidad de gestión de los gobiernos al sur de la frontera se fortalece con la protesta y el reclamo de los gobiernos locales del norte de la frontera, ello es el mejor ejemplo de que “en lo político, lo que resiste, apoya”.

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