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|| Opinión || Dra. Ivonne Acuña Murillo

#ANÁLISIS Y ahora resulta que "AMLO no es un peligro para México"

En los últimos meses, la desbandada, desde diferentes partidos y ámbitos de la vida nacional, hacia el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), en apoyo a la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, y el alejamiento de la idea central de la campaña sucia en su contra a partir de la cual se le calificó como de peligro para México, pueden ser explicados al menos desde dos puntos de vista.

En primer lugar, se podría afirmar que la desbandada es producto de tres periodos presidenciales en los cuales no se han obtenido los resultados esperados ni en materia de crecimiento económico, disminución de la pobreza y la desigualdad, pero sobre todo en temas relacionados con corrupción, impunidad, violencia, inseguridad y desintegración social. La falta de avances claros en estos rubros se ha traducido en una crítica profunda a lo hecho por los partidos Acción Nacional (PAN), del año 2000 a 2012, y Revolucionario Institucional (PRI), de 2012 a la fecha.

De lo anterior se deriva una pregunta que de manera recurrente circula por las mentes no sólo de quienes intentan decidir con su voto al ganador o ganadora de una contienda electoral, sino de quienes desde las diversas esferas del poder inciden en tal elección. ¿Es acaso que en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa y en lo que va del de Enrique Peña Nieto hubiéramos estado o estaríamos mejor con López Obrador?

Pregunta que hábilmente el mismo AMLO y su equipo han introducido en la opinión pública, ya no como una interrogante sino como una certeza que forma parte importante de una narrativa cuyo eje principal es el fraude electoral, a partir del cual se ha impedido a López Obrador llegar a la silla presidencial.

Es en el contexto de procesos electorales puestos en duda en los que la pregunta de si estaríamos mejor con López Obrador cobra sentido. Y es desde aquí que pasarse a las filas de Morena o apoyar abiertamente la candidatura de Obrador supone dar la oportunidad a un proyecto de gobierno y a una idea de nación que, estando presentes desde el año 2006, no han sido puestas en práctica.

Cobra sentido, también, el cuestionamiento a la idea más difundida en la última década según la cual ‘AMLO es un peligro para México’, misma que vertebró la campaña sucia, negra, de lodo, de contrastes o como quiera llamársele, en contra del tabasqueño, tanto en 2006 como en 2012, incluso en el actual proceso electoral.

La campaña contra AMLO fue diseñada por el consultor político Antonio Solá, quien no sólo sostiene ahora que Obrador ha evolucionado mucho y “para nada vemos que sea un peligro”, sino que afirma que ganará con un amplio 45% de los votos, por lo menos; es más, dijo incluso que “casi, casi podríamos decir que no va a tener techo” y es el único capaz de capitalizar el cansancio y la irá de las y los votantes mexicanos.  Finalmente, aseveró que “si tenemos condiciones normales con el INE, árbitro electoral en toda regla, tengo la certeza de que Andrés Manuel será el presidente de la República”. En términos llanos: que si no hay fraude electoral, AMLO será, sin lugar a duda, presidente de México.

No hay que olvidar que Solá ha expresado que le gustaría, sin rencores y como un profesional, diseñar la campaña de AMLO en este 2018. Hasta donde se sabe no ha recibido una respuesta positiva.

Pero, antes de las declaraciones de Solá, se habían escuchado en los medios de comunicación otras voces que, de manera sorpresiva por el rechazo mostrado a López Obrador, “se han dado cuenta” que AMLO no representa, más aún, nunca ha representado, un peligro para México.

Es el caso de la periodista Lilly Téllez, quien fue una de las primeras personas en marcar su posición al respecto al afirmar, en un video grabado por SDP Noticias y publicado en YouTube el 2 de julio de 2016: “Hace unos años nos aseguraron que López Obrador era un peligro para México, que destruiría a nuestro país. Nos dijeron que es un dictador, obstinado, ególatra, mesiánico. Pregonaron que no sabe nada de economía, de mercados, que no entiende de oferta y demanda, que es un comunista prehistórico que hundiría a México bajo las peores prácticas antidemocráticas (…). Después de todos estos años en los que muchos creíamos, de buena fe, que López Obrador era eso, un peligro para México, ahora vemos que era una falacia”.

Pero, no fue Téllez, quien en estas elecciones se presentará como candidata de Morena a senadora por Sonora, la única en llegar a esa conclusión, muchas otras personas han confesado ‘su error’ y han decido apoyar a López Obrador en su camino a la presidencia: Esteban Moctezuma Barragán, exsecretario en las carteras de Gobernación y Desarrollo Social, en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, y actualmente presidente de Fundación Azteca, perteneciente a la televisora del mismo nombre; Alfonso Romo Garza, sobrino-nieto de Francisco I. Madero, cuya familia era la más poderosa de Coahuila un poco antes del estallido de la Revolución Mexicana; es un empresario multimillonario que combatió a Obrador en la campaña de 2006 y que después de conocer al líder opositor, en 2011, modificó la impresión que tenía de él, al grado de volverse no sólo su aliado sino quien encabeza al equipo que diseña su proyecto de nación y responsable de estrategia y enlace con empresarios, gobiernos y sociedad civil.

Igualmente, de manera destacada se han incorporado al equipo de López Obrador la exministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero; la senadora expanista Gabriela Cuevas; Tatiana Clouthier, su actual coordinadora de campaña; Julio Sherer Ibarra y Rabindranath Salazar, que junto con Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal y Bertha Luján, exintegrantes del PRD, serán responsables de vigilar la estructura electoral en cinco circunscripciones.

Muchos otros personajes de la vida pública se han unido a Obrador, es el caso de las actrices y actores Jesusa Rodríguez, Sergio Mayer Bretón, Demian Bichir, Damián Alcázar, Farnesio De Bernal, Carlos Bonavides, Fabiana Perzabal, Roberto Sosa, Cecilia Sotres, Joaquín Cosío, Jorge Zárate, Juan Manuel Bernal, Omar Fierro, Itari Marta; escritoras y escritores como Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II,  Antonio Velasco Piña, la escritora y productora Beatriz Cecilia; intelectuales como Luis Hernández Navarro; académicos como Lorenzo Meyer, entre muchos, muchos otros.

Hasta aquí se puede hablar de un probable cambio de visión o de la formalización pública de un apoyo del orden privado que sólo se materializaba el día de las elecciones.

En segundo lugar, la desbandada responde a un reacomodo de fuerzas políticas en función de que los partidos PRI, PAN y PRD no están atravesando su mejor época: el PRI, en parte por la mala imagen que arrastra de sexenios atrás, a la que se suma el cuestionado desempeño del actual presidente de la República y la campaña de un candidato que no acaba de arrancar, a pesar de una intensa exposición mediática; el PAN, que enfrenta una severa crisis al interior del mismo partido y que en algunos momentos ha estado al borde de la fractura por el enfrentamiento entre anayistas y calderonistas; y, finalmente, el PRD que en lo que va de esta administración y después del registro de Morena pasó de tercera a cuarta fuerza a nivel nacional, y de primera a segunda en la Ciudad de México, que, se podría decir, no sólo ha perdido a sus grandes figuras y militantes de base sino el proyecto que le dio vida.

Es entonces que ninguno de los tres partidos puede asegurar su triunfo en la contienda por la presidencia de la República, alguna de las gubernaturas, presidencias municipales o demás puestos de elección popular por los que se competirá, ni pueden tampoco asegurar estas candidaturas a todos los correligionarios que las pretenden y quienes, al no ser favorecidos, no dudan en ‘saltar’ a otro partido, aunque no a cualquiera, sino al único que a escasos años de su fundación va creciendo exponencialmente en intención de voto.

Así visto, el reacomodo de fuerzas políticas en el país responde, por un lado, al desgaste de gobiernos del PRI y el PAN, que no han dado buenos resultados; el desdibujamiento del PRD, que de izquierda militante pasó a oposición cómoda; y, por otro lado, a una visión pragmática que lleva a gran parte de quienes se dedican a la política a hacer un cálculo costo-beneficio en torno a permanecer en su partido o militar en otro.

Esto no supone que todas las personas que están siendo atraídas hacia la órbita de Morena carezcan de convicciones o de un compromiso genuino con el bien común, sin embargo, no se puede reconocer en todos y todas, esta calidad. Lo cual lleva a preguntarse: ¿En qué momento actores anteriormente antagónicos a López Obrador se dieron cuenta que no era un peligro para México y que había que enfilar sus naves hacia el principal líder opositor?

La respuesta bien puede dirigirse a pensar que la amplia convocatoria que ha hecho AMLO está dando resultado. Primero, porque permite pensar en México desde la unidad y no desde una visión maniquea de buenos y malos; y segundo, porque ha sido leída como un pasaporte para quienes veían entre sus intereses y los valores que Morena representa un abismo infranqueable.

Por lo aquí expuesto cabe preguntarse: si hoy AMLO no es un peligro para México, ¿quién sí lo es?

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