Opinión || Benjamín M. Ramírez

LA NOCHE DE LOS NAHUALES

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NATALIS SOLIS INVICTIS

En esta semana estaremos celebrando la octava de navidad hasta la fiesta de la Sagrada Familia, -este año se festeja el día 31 de diciembre-. Sin tanta historicidad de por medio, me concreto al festejo de una de las fiestas más sensibles para el acontecer del mexicano: navidad y año nuevo, el Natalis solis invictis, el nacimiento del sol invencible.

Diciembre es, por tradición, por antonomasia, el mes que registra la mayor cantidad de personas víctimas de depresión, que en algunos casos culminan en suicidio. Cantidad enorme de individuos que, aquejados por la soledad, deciden poner fin a la existencia que ha dejado de cobrar sentido a pesar de un sin número de razones por las cuales se deben vivir.

¿Hablaré entonces del suicidio? En esta ocasión no. Quiero hablar del fenómeno que como tal sumerge al hombre común en un rito de festividades que deja de lado las razones de la fiesta para concentrarse sólo en el protocolo de la ceremonia. Ya lo señaló Octavio Paz en sus múltiples ensayos, la necesidad que siente el mexicano por el festejo, por los aniversarios, por la fiesta. Navidad y Año Nuevo no son la excepción.

En diferentes lugares de la república mexicana, el festejo de la navidad cumple rituales tan diversos y complejos que contrastan con la festividad de Medio Oriente o de los países desarrollados. En México se tiene en el centro de la festividad a la familia misma. Lo mismo puede ocurrir en otros lugares, sin que ello sea la regla. En nuestro país se festeja en familia. De ahí puede surgir la nostalgia y la depresión a causa de los seres que se encuentran alejados y distantes y, en muchos casos, seres queridos que se nos han adelantado a la casa de la Morada Eterna.

Así, inmersos en tantas festividades: los empleados y trabajadores en sus posadas muy a la vanguardia consumista, -las iglesias e instituciones religiosas en sus tradicionales posadas con cánticos y villancicos muy ad hoc-, y un buen número de personas que se concentran en la cena navideña y la entrega de regalos propicias para la ocasión, se olvidan de lo trascendente de esta época, que es la de compartir con los que menos tienen.

Embriagados y henchidos con tantas comilonas, y de recalentados, saboreados en casas de familiares, amistades y conocidos olvidamos que la devaluación del peso frente al dólar es una verdad tangible, perdurable e incómoda y que a pocos les importa, lo mismo que el fin del sexenio, en sus últimos meses de estertores agónicos e implausibles, que lejos de entregar cuentas claras, nítidas y diáfanas, la administración del actual ejecutivo federal se enloda en triangulaciones “infantiles” de desvíos de recursos del erario público a las campañas del tricolor.

Va un saludo sincero a tantas personas que no tendrán en estas fiestas de fin de año, un festejo “normal”, en familia, por falta de recursos económicos, debido a las escasas oportunidades laborales, a los compromisos económicos adquiridos a lo largo de 2017 y a los altos insumos que cada día se vuelven inalcanzables.

Asimismo, apeló a la razón de la clase gobernante, a los políticos en ciernes, a los bendecidos por sus instituciones para ocupar un cargo de elección popular, y que festejarán en estas celebraciones decembrinas con “romeritos” y “bacalao noruego”, considerar a los más de 57 millones de mexicanos que verán pasar las fiestas de fin de año, como un día más de los 365 que casi están por culminar.

Estos 57 millones de pobres, sumidos en la pobreza extrema, lejos de considerar las fiestas decembrinas como una oportunidad para el encuentro y la convivencia familiar, -aprecian, desde la pobreza de los más pobres-, un panorama gris, incierto e incómodo en un país que premia la corrupción y las lealtades de los negocios turbios, privilegia la delincuencia y la inseguridad y fortalece la política de la pobreza como un medio de control y reserva de votos a favor del partido oficial, que le apostará a la entrega de prebendas, al embute y al uso de las necesidades más apremiantes de los desfavorecidos como garante de triunfo en las elecciones del 2018.

Concluyo esta entrega con una muestra de solidaridad para tantos trabajadores al servicio del Estado, que no obtuvieron –en estas fechas- los salarios devengados en los últimos días de este año, fruto de la irresponsabilidad y la falta de sentido común de quienes se encargan de los dineros del erario. Salario que muchos trabajadores esperaban como producto del trabajo realizado en los últimos días. No hay excusas ante lo que considero un atentado en contra de la seguridad de las familias, y más, en estos días que suponen una alta sensibilidad en los ánimos de los agremiados.

No sólo se trata de los trabajadores de la educación en Baja California, Michoacán y otros estados en donde -la necedad de quienes se ostentan como responsables-, dan a conocer versiones inadmisibles y risibles para quienes esperaban, –con tanta fe- el salario devengado para días posteriores a la fecha de pago.

Tanta insensibilidad causa náusea.

Y peor aún, la actuación de los representantes sindicales que lejos de luchar con mano firme, se ponen a las órdenes del patrón, bajo el argumento del “estamos haciendo todo lo necesario para cumplir con los pagos”.

Insisto no sólo se trata de los trabajadores de la educación, también los de salud y otros más que se han visto afectados por el incumplimiento en los pagos de salarios dejando “a la buena de Dios” la suerte de miles de familias, atentando con ello a la integridad y seguridad de los aquejados por este incumplimiento que constituye una clara violación a los cláusulas del contrato colectivo de trabajo signados por los representantes de los gremios de trabajadores y la parte patronal, y más aún, visibles violaciones a la ley federal de trabajo.

¿Serán los primeros embates del gobierno federal para los estados de la unión? ¿Intentarán encausar el encono y la animadversión general en la desestabilidad de la paz social?

Es mi deseo que en estos días, usted, goce de salud, se olvide de sus preocupaciones, invite a los suyos a evitar la quema de pirotecnia, se prepare para sus propósitos incumplibles de año nuevo y que la dicha del festejo del año que concluye sea augurio de la bondad del año venidero. Mil felicidades y millones de abrazos.

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