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Opinión || Iván Márquez

¿A poco no sería bonito?

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¿A poco no sería bonito?

Días atrás, en una de esas charlas profundas que sostengo con una amistad de antaño, esa que permaneció  fungiendo como testigo taciturno de tu carrera contra la vida y que ahora además de amistad es vital cómplice en el inevitable y natural declive; comentábamos sin miedo a la traición de las emociones el remordimiento por las palabras que perecieron atrapadas y  todas aquellas acciones que quedaron en intensión a medida que crecías pero no madurabas. Como un rendimiento innecesario de cuentas, enlistábamos las metas que nos habíamos fijado cuando éramos jóvenes; presumiendo las alcanzadas y narrando con nostalgia e intermitentes silencios incomodos las que habían agonizado a medida que nuestras experiencias nos encaminaban por senderos diferentes a los programados.

Increíble como parece, dolían más las conquistas no logradas aunque en comparativa con los logros fueran insignificantes y comprendimos que la razón era porque más que metas fueron sueños y nada compensaría su perdida. Y en algún momento me la soltó…-¿oye. Y tu aun tienes algún sueño por ahí?- Mas silencio incomodo recuerdo bien.

Al calor del trago me anime a confesar que más que sueño era una ilusión, pero que sabía perfectamente que aun cuando la vida se extinguiera quedaría solo en eso, una ilusión y que me encontraba en completa paz y aceptación del hecho. -¿Casarte wey?- Pregunto con ese singular sarcasmo que le caracteriza y  respondí con una carcajada pretendiendo desviar el tema, pero obviamente después de toda una vida de conocernos se percató tanto de la falsedad de la risa como el traicionero disparo de mi mirada al vacío de la eternidad y haciendo gala de una desesperante paciencia se limitó a esperar que escupiera mi respuesta.

-Te diré la neta porque después de todo cosas más vergonzosas te he platicado-. –Aun no pierdo la esperanza de poder vivir para ver el resultado de mi trabajo de una vida con los animales. -¡si ya sé que muchas veces he dicho que no me tocara verlo-… – ¿pero que quieres…?- Apresure sin darle oportunidad a contestar, mucho menos de reírse.

Explique cómo paradójicamente todo parece ir en retroceso, generando propuestas que sabemos que no son la solución, estamos volviendo locos a los animales en zoológicos y solo proponemos hacerlos más bonitos como si eso compensara la negación de la libertad, asesinándolos de manera brutal en mataderos y solo pedimos una muerte más humanitaria como si en verdad existiera, torturándoles hasta la muerte con tradiciones auspiciadas por las mismas autoridades como si con la venia para matar con saña a un animal se pudiera evitar que nos matáramos entre nosotros. Estamos utilizando a los animales como válvula de escape a nuestra ira, odio y frustración limitándonos en la mayoría de los casos a solo observar sin hacer nada para evitarlo, pasivamente cobardes.

Acuarios, laboratorios, granjas industriales, son antesalas perfectamente diseñadas de un infierno en la tierra para ellos, incapaces de ponernos de acuerdo sobre que direccionamiento tomar para evitarlo, el eterno debate entre utilitarismo y abolicionismo es una piedra en el zapato de todo activista, nos gobierna el costumbrismo, carecemos de voluntad para desarrollar la conciencia y ni siquiera nos importa aun y cuando absolutamente todo lo que le hagamos al planeta y sus especies repercutirá directamente sobre nosotros.

Asusta conocer las cifras de asesinatos para nuestro consumo y más los procedimientos, pero nada de eso será de relevancia mientras obtengamos el efímero placer que esa muerte nos brinda al paladar. Y créanme cuando les digo que la anterior no es una postura derrotista, por el contrario, al igual que yo sé que habremos muchísimos colegas que compartimos la ilusión y esa es la motivación que necesitamos, la llegada de la nueva generación del relevo y la afortunada pronta extinción de la generación de la indiferencia aceleran el proceso evolutivo, pero caray …-¿a poco no sería bonito levantarse un día y encontrar el mundo perfecto para  todos y saber que todo valió la pena?.

Pero en algún punto de mi desahogo supongo que aburrí a mi único espectador porque aprovechando la única pausa que tuve para tomar aire y continuar, se levantó, sacudió las piernas entumidas, se me acerco y tras darme un par de palmadas en el hombro me dijo -¡me hubiera divertido mas haber escuchado que lo que querías era casarte!- sonrió con esa burlona mueca torcida que desde jóvenes he querido enderezarle de un buen jodidazo y se retiró cerrando la puerta tras de sí, no sin antes dejar escapar –sigues igual de loco, ahí te veo al rato-.

 

 

 

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