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Opinión || Benjamín M. Ramírez

LA NOCHE DE LOS NAHUALES

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EVALUACIÓN PUNITIVA….

DESPLAZADOS EN CHIAPAS, SIN TIERRA BAJO LOS PIES

EL PRI, LA DEUDA Y MÉXICO

 

La madrugada del domingo fue el comienzo. Los ruidos de la casa de a lado me impidieron conciliar el sueño después de haber despertado. Mientras permanece la música que ha estado sonando durante toda la noche. Consulto la hora —las dos y cinco minutos a.m.— mi alarma no tardará en sonar marcando las cuatro de la mañana. Ya había anticipado la preparación de los requisitos que me indicaron para la evaluación del desempeño docente fechado para este 3 de diciembre. Antes, los días fueron de mucha presión para varios de mis compañeros de labores.

Dan las cuatro de la mañana. Me levanto intentando poner en marcha mi alma para generar la chispa que encienda el movimiento. Es domingo, día de descanso obligatorio según la Ley federal de trabajo que indica dos días de descanso por cinco laborados o un día de descanso por seis laborados. Me arreglo lo más pronto posible. Consumo un ligero desayuno porque tengo que salir una hora antes de mi domicilio para llegar en punto de las seis de la mañana a la sede de mi examen —considero  mis prevenciones por los posibles contratiempos—.

No espero una compensación económica por el tiempo invertido ni por presentarme a actividades académicas fuera de mi jornada laboral, alejado de mi centro de trabajo. Tampoco habrá un desayuno ni almuerzo ni comida servido.

Es domingo, y me acabo de rebanar un dedo.

Llego en punto de las seis de la mañana. Como sonámbulos, retraídos, cansados y cabizbajo alcanzo a percibir como autómatas a más de un maestro que se presenta a la evaluación docente. Son dos exámenes: uno, de siete a once horas y el segundo, de 12 a dieciséis horas. No marca una hora de alimentos. Si llego a las seis de la mañana es porque tengo que estar presente una hora antes del inicio del examen. El segundo examen inicia a las 12 horas, por lo que si bien me va apenas estaría a tiempo, según los lineamientos de esta normatividad.

Me registran. — ¿Su nombre? ¿Examen? Le toca el aula No. 2. — ¿Me toca? Disculpe. No conozco las instalaciones. —Sí. Mire. El saloncito que está junto a los telefonitos. Allá junto a aquellos arbolitos. Frente al bote de basura. Ese verde, ¿lo ve? —Quizá exagero. Busco el bote verde que resulta ser de color negro. Indicaciones imprecisas para un riguroso examen, de una instancia educativa quisquillosa. Ni teléfonos ni gorros, ni calculadoras.

¿Anti-pedagógico? Considérelo usted. Responda una pregunta en dos minutos. Incluya lectura, deliberación y selección de la respuesta correcta. Cuatro horas de examen. Una hora de “descanso” y otra vez, segundo examen por cuatro horas más. Vi a más de uno, compañeros de infortunio, todos, cabecear durante un buen rato. Los bostezos eran lo que menos importaban. El sueño venció a los gigantes del aprendizaje.

Exámenes estandarizados para situaciones y realidades ubicadas en contextos completamente diferentes. Lo constato de un grupo a otro, la misma clase, el mismo docente, diferentes resultados. Es como pedirle a los animales de la jungla o del zoológico trepar a un árbol, exigirles trepar al árbol. ¡Cómo pueda!

Es mi segunda evaluación. Y yo, yo me acabo de rebanar un dedo.

Me pregunto porque el otrora poderoso sindicato del SNTE no levanta ni ha levantado la voz y sigue la complacencia de las autoridades educativas en turno. Probablemente porque la fuerza y empuje de verdaderos líderes sindicales pernoctan en los pactos y contubernios con las autoridades educativas y gobiernos en turno.

—Ni el SNTE, me corrige un compañero.

Retomo la contribución de Manuel Gil Antón “El lápiz torcido y la evaluación docente” ( (GIL ANTÓN, 2017) “Lo mismo ocurre con la evaluación del desempeño docente. Depende del medio en que se realiza. En el espacio artificial del examen, con menos factores en juego, el resultado es uno; cuando se observa la práctica en el aula, repleta de elementos que ningún examen puede tomar en cuenta ni medir, es otro”.

Remata Gil Antón “El sistema de evaluación no es confiable ni válido. ¿No es suficiente este hallazgo para detener el estropicio, cuestionar la reforma y actuar en consecuencia?” (GIL ANTÓN, 2017).

Recuerdo las sabias palabras de mi madre. “Estudia, hijo, estudia o terminarás de maestro…”

En otro orden de ideas. Chiapas, en la zona de los Montes Azules, lugar paradisiaco, se gesta el desplazamiento de los “sin tierra”.

Tal como sucede con los grandes terratenientes en Brasil, entre los “índios, posseiros e fazendeiros”. Conflictos ancestrales, ya sea por costumbres, tradiciones o la lucha por la posesión de la tierra. Lo cierto es que cientos de personas se han visto obligados a abandonar sus precarias viviendas, por las amenazas a su integridad física y, vivir entre la espesura de la selva Lacandona.

Tal parece que a nadie le importa este conflicto que puede derivar en muchas pérdidas de vidas humanas, principalmente de niños y adultos mayores. Bien por las condiciones atmosféricas, bien por las condiciones de vida a la que se han obligado a asumir, los pobres entre los pobres. Sin un pedazo de tierra bajo sus pies que puedan considerar como propia.

Recuerdo la lucha de los guaraníes presentada magistralmente en el film “La Misión”, dirigida por Roland Joffé, y protagonizada por el gran Robert de Niro y Jeremy Irons.

“Si la violencia es lo que cuenta, entonces no tengo fuerzas para vivir en un mundo así.” P. Gabriel (Jeremy Irons).

Quiero concluir esta entrega con una mención de Meade Kuribreña, candidato de facto.

 

  • ¡No! No, señor, Meade, México no le debe nada al PRI. Y si es así, quiero mencionarlo.
  1. Los sexenios de corrupción política y la política de la corrupción.
  2. Los miles de muertos y desaparecidos en esta “dictadura perfecta”, retomo a Vargas Llosa.
  3. El enriquecimiento ilícito de los que han ostentado el poder durante sexenios, incluyendo a sus amigos que lo han designado candidato.
  4. Los millones de pobres que deben esperar en cada campaña, la grosería de una despensa a pagar en cómodos sexenios, con altas tasas de interés.
  5. La ley de seguridad interior que supone un escenario adverso a su candidatura y por lo tanto preparan el terreno en el “marco de la legalidad” para la intervención oportuna del glorioso ejército mexicano.
  6. La violencia imparable y descarada que mantiene los baños de sangre en todo el territorio nacional.
  7. La desesperanza de miles de jóvenes que no ven un futuro promisorio en los treinta años que usted brinda de plazo para hacer de esta república amorosa un edén.

Ni usted, ni su partido, ni ninguna otra institución identificada con su gestión —presumen de usted ser un hombre de Estado, de haber ocupado cinco secretarias en dos sexenios: ¿Qué puede decir del FOBAPROA? ¿Incremento de la deuda pública? ¿La política de pobreza alimentaria?— pueden garantizar una mejora a la situación de millones de mexicanos que sobreviven el día a día.

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