El animal más peligroso de todos

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El animal más peligroso de todos

 

Nunca he podido entender cuál es el afán de compararnos.. -¿Y porque no he de comer carne o matar a otros animales si los leones y otros depredadores lo hacen?- dicen. Definitivamente ese es mi argumento favorito en los entretenidos debates de las redes sociales, de la risa a la decepción en instantes quedan claras dos cosas, la primera es el notable grado de retraso moral en el que nos encontramos en pleno siglo XXI y la segunda el largo trayecto que  falta por recorrer que ni dos vidas le alcanzarían  a quienes destinan parte de su invaluable tiempo a generar conciencia en otras personas en la búsqueda de un mundo mejor. 

 

Le tenemos tanto miedo al cambio y tenemos tan escasa voluntad que nuestro último recurso es compararnos con otras especies que carecen de conciencia, negándonos el privilegio de la razón para poder justificar nuestra debilidad ante ciertos placeres efímeros.

 

Somos verdaderamente diestros en evadir nuestras obligaciones morales para con nuestro planeta y no contentos con ello  nos burlamos de quienes si se preocupan, siempre estamos ocupados o no tenemos tiempo para las banalidades del altruismo, después de todo el dolor existe solo si lo experimentamos.

 

Somos egoístas, soberbios y olvidamos que de todas las especies somos quizá la más vulnerable, nos creemos superiores y somos los únicos que reaccionamos con odio ante nuestros miedos,  la única especie que termina con otra vida por razones que no sea específicamente la de alimentarnos, acostumbrados a utilizarnos y utilizarlos carecemos de la humildad para conceder el  respeto, porque si bien nunca ha sido suficiente masacrarles para vestir, calzar y comer le añadimos placer al morbo humillándoles y en la coda de nuestra maldad nos cegamos al inescrutable hecho de que si ellos se acaban nos acabamos.

 

Detrás de nuestra actitud paternalista siempre ocultaremos nuestra avaricia y pereza, pretendemos con la caza o cautiverio preservar a las especies después de ser los causantes de su extinción, le negamos la oportunidad a la naturaleza de establecer su propio equilibrio porque unos cuantos miles de pesos bien repartidos  nunca estarán de sobra.

 

Somos crueles y los que no, se sienten exonerados de tomar acciones de protección al débil  por el hecho de considerarse inocentes. Nos divertimos a costa de su sufrimiento y lo revestimos de cultura, arte y educación, con cinismo decidimos quien si, quien no,  quien sirve y quien sobra.

 

¿Pero como quererlos y respetarlos si ni entre nosotros lo hacemos?- entre ellos la selección es natural y pertenece a una cadena alimenticia, entre nosotros es a conveniencia y le denominamos estatus; destruimos, despojamos, clamamos posesión y asesinamos a quien se interponga porque todo nos pertenece y todo lo merecemos.

 

En definitiva  sí no matamos con nuestras manos lo que nos comemos como los leones, ni defecamos o copulamos al aire libre como ellos, evitemos seguir comparándonos porque  aunque tampoco apestemos a león como coloquialmente se dice, el hedor del alma indiferente que nos caracteriza como el depredador más peligroso  será siempre más insoportable que cualquier otro.

 

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