Hace tres años que murió, hoy es velado por sus padres

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Los Mochis, Sinaloa.- El ataúd color madera fue colocado antes de las 12:00 horas en la sala D de la funeraria ubicada en el fraccionamiento Grijalva, y en el interior descansan los restos de Roberto Corrales Medina, de 21 años, quien fuera privado de la vida en el 2014, y hoy a tres años el joven es velado por su padre, Roberto Corrales; su mamá, Mirna Nereyda Medina Quiñónez, y su hijo Diego Corrales Medina.

Una foto del joven cuando estaba en vida fue puesta a un lado del ataúd en memoria de él, quien fue víctima de la delincuencia y que prácticamente cambió el núcleo de una familia y también diera origen al nacimiento de Las Rastreadoras de El Fuerte, encabezadas por su madre, Mirna Medina. 


 

“Señora Mirna, le doy mi pésame; lo que se le ofrezca estamos a sus órdenes”, le decían una y otra vez. 

A escasos metros estaban sus Rastreadoras quienes discretamente estaban atentas a todo.  

“Por qué te hicieron esto, Roberto”, lamentaba Mirna Nereyda, al mismo tiempo que era abrazada por familiares y amigos. 



Una niña llamada Dana Roberta, de 3 años,  jugaba en la sala entre los sillones; ella es hija de Roberto Corrales: miraba a su abuela llorando y tal vez ella no entendía que estaba pasando.

Los restos del joven serán enterrados hoy al mediodía en el panteón de Mochicahui El Fuerte.

“Lo encontramos. Sí se pudo, nos tardamos pero hallamos a Roberto, gracias a todos”, externó Mirna Medina, líder de Las Rastreadoras

Los arreglos florales fueron llegando poco a poco, en memoria del joven que ya descansará en paz. 



El 14 de julio de 2014, Roberto Corrales Medina llegó desde el municipio de Choix a la gasolinera ubicada en la entrada principal de El Fuerte donde él trabajaba, con su cajón en el que guardaba su mercancía dispuesto a ofertar las canciones para todos los gustos, sin imaginar lo que le esperaba.

Eran las 17:45 horas y era una calurosa tarde, cuando una camioneta camioneta tipo Explorer color negra se detuvo y alguien le habló. Roberto dejó su cajón junto a una de las bombas de la gasolinera y se dirigió al llamado de los ocupantes del vehículo.

Esa fue la última ocasión en que se le vio con vida ya que los sujetos lo obligaron a que subiera a la unidad y se lo llevaron. Su mercancía quedó abandonada y ya no contestó su teléfono celular. Cuando él desapareció, nacieron Las Rastreadoras….

“Te buscaré hasta encontrarte”, fue el lema que su madre, Mirna Nereyda Medina Quiñonez se tatuó desde ese día en sus pensamientos.

Unidas por el dolor que las embarga, el grupo Las Rastreadoras inauguró el 1 de julio del 2016 sus oficinas de gestoría para apoyar a quienes lamentablemente se encuentren en las mismas condiciones y poder encontrar una luz que los lleve a localizarlos. Se instalaron en el pasaje Don Eme, ubicado en calle Benito Juárez, entre Santos Degollado y Emiliano Zapata, en la ciudad de Los Mochis.

Y SIN DESCANSO CADA DÍA SÓLO PIENSAN EN LA PREGUNTA ¿DÓNDE?, DÓNDE BUSCAR, DÓNDE ENCONTRAR…

Se preguntan esto mientras atraviesan espinas, caminan entre víboras y peligros mayores; mientras se acaban sus ojos entre la maleza y el monte para no dejar pasar algún indicio porque “no vaya a ser que pasemos encima de los restos de uno de los nuestros”. Los buscan sin cansancio del alma pero con la fatiga del cuerpo.

Se acaba el agua, el lonche que prepararon desde la madrugada, los zapatos que no rinden y se parten de tanto caminar, el mismo espinal que les arrebata los sombreros con los que se cubren del sol y el día que las devuelve a la realidad, a sus hogares, desde donde se comunican y se apoyan porque esta vez no encontraron nada.

Transcurrieron los días, y el 25 de agosto de este año en curso, la líder de Las Rastreadoras recibe la noticia de que los restos humanos encontrados ese día en Ocolome, El Fuerte, pertenecía a Roberto Corrales.


 

Con paso firme, Mirna regresó al sitio donde sus verdugos enterraron a Roberto, se arrodilló, tomó con sus manos un poco de tierra y explotó en llanto.  

La búsqueda se tornaba por momentos tensa y dramática porque Mirna de repente estallaba en llanto, pero de inmediato sus compañeras se acercaban a abrazarla y a pedirle fortaleza.  


 



 

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