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Hace unos días recibí un mensaje alarmante de parte de una persona cercana sobre una situación particular que impera en un convento de monjas muy famoso en la ciudad de Tecate.

Palabras más o palabras menos, es la situación que prevalece sobre una novicia que se encuentra en dicha congregación religiosa, —de inquietud para sus padres—, a tal grado que ha sido necesario, para ellos, someterla a un estudio pericial con un psiquiatra experto. “Suceden cosas”,  me revela, en su desesperación, sin llegar a confiarme algo en concreto.

Me permito comentar lo anterior en virtud de las situaciones que imperan dentro de la vida religiosa que ha dado de qué hablar en diversos círculos eclesiásticos, desde el Vaticano hasta la parroquia rural de menor renombre.

La cuestión no es la fe o la religiosidad que puedas practicar. El problema se presenta cuando en “nombre de Dios” y de “la perfecta obediencia”, argumento al que apelan los pastores o presbíteros y “ancianos”,  someten a sus fieles a los caprichos o conveniencias económicas según las necesidades del pastor en turno, llegando incluso al abuso sexual.

Muchas de estas situaciones de abuso, tanto emocional como psicológico y sexual no se ven como tales por parte de la víctima porque se desarrolla una situación de dependencia, tal como lo describe el síndrome de Estocolmo —situación de sometimiento de la víctima—, principalmente de secuestro, hacia su agresor desde un vínculo emocional por la relación abusiva establecida con anterioridad.

El auto-flagelarse, horas interminables de ayunos, agresión verbal frente a conductas irrisorias  —no querer barrer— por ejemplo, fantasías eróticas que deben ser confesadas frente a la congregación religiosa y con la penitencia que imponga el padre maestro — o madre superiora —, hasta la mínima falta, debe ser templada con la fuerza del “Espíritu”, incluido en el “kit” de un baño con agua fría en plena madrugada en época de invierno o simplemente ser confinado al aislamiento hasta vencer los demonios. Algunas novicias se les tiene prohibido, incluso demostrar afecto hacia sus familiares o amigos. “La familia es la comunidad religiosa”.

Lo anterior no es una acusación — por eso se establecieron las corporaciones para esta finalidad — lo que sí es urgente e imperante es una revisión a profundidad de la “aplicación” de las reglas de la vida consagrada a raíz de toda la ola de abuso en diferentes institutos religiosos y que la iglesia no puede ni debe ser ajena a estas conductas reprobables ya que rayan en lo delictivo.

Así que el titular de la arquidiócesis metropolitana de Tijuana  —Francisco Moreno Barrón — por humanidad y lealtad a los principios cristianos, no institucionales,  debe realizar una revisión exhaustiva a todos los conventos e instituciones religiosas dentro de su demarcación eclesiástica y evitar este tipo de situaciones ya de suyos lamentables.

Recordarle la sentencia lapidaria de Jesús en Mc 9, 42: “Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase al mar.”

Ignoro si el Mesías se refería a una patología sexual en especial o simplemente hacía mención a los falsos pastores que abusaban de la inocencia, simplicidad y humildad de sus seguidores.

Yo tengo fe, como canta Palito Ortega, “que todo cambiará”.

En otro tenor, tuve la oportunidad de ver, a través de la televisión,  al titular de la SEGOB, Miguel Ángel Osorio Chong caminar por algunas calles de Zapopan, Jalisco, consideradas estas arterias como las más peligrosas de esta población. 

Caminaba, por la noche, el encargado de la seguridad interna del país con un rostro refulgente de emoción, protegido por sus escoltas, que resguardaban por mandato oficial la integridad del señor Secretario.

Distinto es para el ciudadano de a pie quien tiene que sortear las pesadas situaciones de la vida cotidiana: la inseguridad, la falta de empleo, empleos mal pagados y horas perdidas en el tránsito para llegar a su trabajo.

Enfrascado en la lucha interna por la nominación presidencial rumbo al 2018, Osorio Chong ya anda en campaña, tomando como estandarte la seguridad. Como aspirante prometerá, sin duda, el discurso de cualquier postulante a un cargo de elección popular: satisfacer las demandas que como funcionarios no han podido o no han querido cumplir.

Sin embargo, todo apunta a que el favorito del presidente Peña Nieto es Aurelio Nuño. Tan es así que en la publicidad disfrazada de noticias en los diferentes frentes televisivos al titular de la Secretaría de Educación Pública se le denomina como Aurelio, nombre que habrán de apuntalar en los próximos meses.

La receta del titular de Bucareli es tener fe. Y creo que don Osorio Chong tiene confianza en que la contienda será “democrática” al interior del PRI y que no imperará el dedazo presidencial que apunta a que el ya tapado-destapado, a toda ley, será el jefe de la oficina anclada en Argentina 28.

Para concluir, un mal sabor de boca ha dejado todo el show mediático a raíz de la extradición de Javier Duarte de Ochoa, JAVIDU.

El citadino esperaba una cadena de linchamiento mediático, revueltas populares, declaraciones oficiales que condenaran las conductas por las que fue recluido y algunas otras de sus “bondades” ejecutadas en Veracruz cuando fue gobernador.

No sucedió así. Algunas acusaciones en contra de JAVIDU fueron desechadas por improcedentes y me atrevo a pensar que en los delitos de mayor envergadura por los que ha sido acusado, también los librará. A pesar de haber sido vinculado a proceso, el ex—gobernador veracruzano debe tener más de un jugada bajo las mangas. Así funciona la justicia en México a favor de los malhechores.

Sólo falta esperar  a que se anuncie que se violó el debido proceso y sea declarado inocente de todos los cargos. ¿Y los cientos de fosas clandestinas diseminadas en todo el chorizo veracruzano? ¿Y los desaparecidos?

«Cuídese», —le mencionaron en una ocasión a monseñor Romero, arzobispo de El Salvador, días antes de su martirio.

«Sí», contestó, —como cualquier otro salvadoreño—.

«Cuídese» usted, también.

 

Benjamín M. Ramírez.

Es profesor de Educación media Superior. Candidato a Maestro por la Universidad Pedagógica Nacional, UPN. Cuenta con una amplia trayectoria como profesor universitario. Ha sido profesor de Opinión Pública y Propaganda. Posee con una especialidad en Filosofía. Colabora esporádicamente en algunos medios regionales del sur de Veracruz. Ha sido corresponsal en Radio en su natal Veracruz. Es experto en temas electorales y propaganda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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