¿Okja existe?

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Definitivamente  como una de las películas más emotivas de los últimos tiempos y exponiendo lo mejor y lo peor del ser humano, Okya llegó a remover gran cantidad de fibras entumecidas por la costumbre y el consumismo, un llamado de atención sin diferencia alguna a consumidores, activistas, empresarios de la industria cárnica, veterinarios y todos los que día a día nos relacionamos con la cruenta práctica de la ingesta de carne desde el ámbito de la defensa y producción animal.

Codicia, vanidad, egoísmo e indiferencia son al final abatidos por la inocencia y el amor de una niña que si bien no se ven reflejados en un final feliz, sirvió para permitirnos tener una ligera introspectiva a todo lo que acontece dentro de los rastros o mataderos donde indistintamente  se vejan a diario los derechos primordiales al respeto y a la vida de las especies  destinadas al consumo humano; el gusto, un sentido en ocasiones contradictorio moralmente hablando,  no pregunta de dónde o como llega a su plato el producto, no le interesa y no le conviene, pues siempre asociado con el egoísmo mientras menos antecedentes  y más placer le brinde será mejor.

Nada fuera de la realidad, OKYA existe en cada una de las especies genéticamente modificadas para que alcancen el máximo desarrollo  en la mínima cantidad de tiempo posible  y aunque alterada su fisionomía la esencia del alma del animal permanece intacta así como su capacidad para experimentar sensaciones complejas de ahí que el animal cautive por su ternura como lo hace cualquiera de los reales y sé que algunos cuestionaran o me criticaran el hecho de asignares el atributo del alma pero créanme que este debate ya fue llevado a cabo por mentes más brillantes que la nuestra y en efecto no hubo argumento alguno que refutara la posibilidad de su pertenencia.

El egoísmo y la vanidad no siempre juegan en el bando contrario, pues suele ser característica detractora de algunos activistas que compensan la no ingesta de carne animal con la humana perdiendo el rumbo y la esencia de una causa noble por naturaleza, es evidentemente contrastante en el filme la motivación para la defensa de la cerdita, por un lado la niña que defiende por que ama y algunos personajes que defienden para anotarse un logro, la existencia de un credo o código de ética animalista es real aunque a estas alturas sean pocos quienes lo conocen, dentro de sus bases esta la paciencia y la efectividad a través de la persuasión y el respeto cosa que a muchos nos falla si no es que a la mayoría porque mientras más tiempo invirtamos en criticar menos tendremos para comprender e ingerir.

Como siempre la  labor de los miembros del Frente de Liberación Animal es digna de remarcar pues son ellos quienes llevan la defensa a  otro nivel donde los riesgos son mayores.

En definitiva un viaje a nuestro interior es imprescindible así como el contacto con nuestro niño interior que nos devuelva a nuestras raíces y nos permita redimirnos con tantas y tantas especies de las que hemos abusado por siempre.

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