¿Quién dice que no se avanza?

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En el trayecto hacia cada una de las metas que nos fijemos es sano, de vez en cuando detenerse para reconocer los avances logrados hasta ese momento, tomar aire, renovar el espíritu y continuar el camino; mas cuando sabes de antemano que el objetivo que pretendes tomará más años de los que la vida podría concederte.

Independientemente de las cuestiones moralistas en las cuales queda claro que aún nos queda mucha brecha por recorrer, son la salud, la preservación del medio ambiente y la economía razones suficientes como para considerar ya sea al vegetarianismo o al veganismo como la respuesta única a tantas preguntas que nos hacemos día a día. -¿Por qué nos sentimos así? ¿Por qué el clima esta así? ¿Por qué la sociedad se comporta de tal o cual manera?… en fin, tantas que podría enumerar pero todas están interconectadas.

El costumbrismo es el principal enemigo de toda evolución moral, erradicarlo resulta a veces tan difícil como tedioso, un gigante invencible o al menos en apariencia que crean o no poco a poco comienza a perder su imponencia. Hemos cometido una y otra vez el error de utilizar la imposición como carta fuerte en lugar de la persuasión y es ahí donde nos hemos estrellado una y otra vez contra el muro de la reticencia evolutiva; al grado de caer gordos, ser pedantes narcisistas y creernos con el derecho de juzgar a todo aquel que no comulgue con nuestros ideales y sin embargo son aquellos que trabajan labrando el campo de la persuasión quienes de manera lenta pero efectiva han logrado un mejor avance.

Al día de hoy de acuerdo a las investigaciones los resultados arrojan que de manera global, un 70% de la población mundial está en proceso, o cuando menos presenta la inquietud por reducir su consumo de productos cárnicos y que la población tanto de vegetarianos como veganos se ha incrementado en un 600% en los últimos 5 años. Independientemente del motivo estos son magníficos resultados que de una u otra manera nos hacen saber que detrás de cada verborrea, detrás de cada ejemplo siempre existe alguien escuchando, observando, aprendiendo e implementando.

No consumir productos de origen animal no nos hace moralmente superiores, tampoco iluminados, tenemos que dejar de ir pregonando que queremos acabar con las granjas industriales porque siendo honestos eso además de imposible repercute de manera negativa en la estabilidad económica de cualquier entidad, hay muchas cosas que están mal definitivamente en esos lugares,  las atrocidades que se comenten tampoco están en debate, presionar para una legislación que erradique las practicas cruentas es imperativa pero el cambio gradual tal y como se está generando es lo que generara el cierre permanente algún día permitiéndole a esta adaptarse a un nuevo modelo económico que no genere inestabilidad en todos sus dependientes y por lo cual debemos seguir siendo pacientes y continuar de manera afable siendo persuasivos, sumar y no restar con una actitud omnipotente porque después de todo ahí la llevamos.

Cada restaurante que incluye una opción vegana en su menú, cada festival que se realiza, cada espacio que se abre en los diferentes medios para proporcionar información son los indicadores de una presencia sustancial, así que a tomar aire y seguir adelante.



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