Ni toro ni torero

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Durante la segunda guerra mundial, cuando un prisionero lograba escapar de un campo de concentración era muy común que en represalia se seleccionará a un grupo de judíos y fueran ejecutados públicamente, escogidos al azar pagaban con su vida por una aparente falta cometida por alguien que muchas veces ni siquiera habían conocido –

¿Injusto y anacrónico verdad?-  Aunque el propósito fuera imponer un castigo ejemplar a toda una comunidad resultaba bastante obvio que detrás de la venganza asomara el miedo a una sublevación.

Ochenta años después algunas cosas no cambian, seguimos sin desarrollar la conciencia buscando normalizar la violencia en el arte, la cultura y la tradición. De la misma manera como los nazis ejecutaban judíos por la nada,  la tauromaquia ejecuta por venganza a la familia del toro que defendiendo su vida mata a un torero.

Resulta más absurdo aún considerando que pasan la vida jugando al alquimista en la búsqueda de la casta perfecta de toro bravo digno de abatirse en justo duelo a muerte con el valiente torero y preservar la blah, blah, blah….pero cuando se topan con uno inmediatamente eliminan en venganza a toda la estirpe  que pueda contener esa genética que viene a tumbarles la farsa en un acto al cual denominan “Reata”.

La historia marca no más de 140 toreros o profesionales de la lidia como se hacen llamar muertos contra más de un millón de toros asesinados, un ínfimo porcentaje si me preguntan que denota la desigualdad de circunstancias en las que toro y torero entran al ruedo, pues mientras un torero ha matado a cientos de toros y se ha hecho diestro en las reacciones naturales del herbívoro astado a las amenazas haciéndole predecible, el toro jamás ha conocido un ruedo en su vida y mucho menos ha visto un capote, pues de haberlo hecho con su capacidad de aprendizaje no habría torero que le sobreviviera.

Obviamente eso jamás lo cuentan, algunos taurinos lo saben pero hacen cuanto esté a su alcance para ocultarlo y negarlo tratando de mantener vivo un montaje que cada día ve mermado su quórum  a medida que la información se filtra.

Al matar a la familia del toro el miedo tras la venganza pretende asegurar la vida del siguiente matarife, esa es la verdad inescrutable y buscaran justificarlo de mil maneras pero venganza es venganza y no existe nada artístico en ella, matar a la mama del toro…-¿Cómo para qué?- Ella y sus hermanos que culpa tienen si ni siquiera se les atribuye el don de la conciencia como para diferenciar entre el bien y el mal, cuando involucrados reaccionan por instinto -¿Pero cuando no?-

Otra cosa que jamás entenderemos es la condolencia de los espectadores taurinos. ¿Acaso no es sangre y muerte lo que pagan por ver?- Al final eso se obtiene pierda quien pierda,  entonces me pregunto -¿Para que la hipocresía?-

Que quede claro que nunca nos alegrará la pérdida de una vida, ni toro ni torero merecen morir para entretenimiento de un cada vez más reducido número de mecenas de la muerte, el arte es  creación no destrucción, tanto vale una vida como la otra y se les debe respeto.

Pero mientras siga habiendo quien pague y aplauda, seguirá existiendo alguien dispuesto a denigrarse y continuar denigrando a la humanidad, aunque algún día pague con su propia vida, de ahí la muchedumbre se retirara embrutecida por el alcohol y la algarabía del momento con una condolencia que asemeje más a la conmiseración porque la verdad es que tan poco les importa el torero, que la semana que entra le pagaran al que sigue para que les continúe brindando la excusa perfecta para seguir procurando el  sadismo con unos traguitos que aligeren el cargo de conciencia.

-¡Ah Tauromaquia!-  tantas cosas por decir y falacias por desmentir con tan pocos renglones disponibles.



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