De las patas de cocodrilo a los huevos de toro

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De las patas de cocodrilo a los huevos de toro

A veces y enfatizo el “a veces”… es inevitable no voltear al cielo e implorar por un diluvio cuando terminas de leer los 254 comentarios que suceden a un comunicado pretenso a despertar el morbo fingiendo ser innovador gastronómicamente hablando.

A medida que avanzas en la lectura el salto de tus emociones  del enojo a la tristeza, de la risa a la sorpresa,  hacia adelante y hacia atrás como fichas en tablero, hace que te carcajees, te jales el cabello, te des de topes hasta tatuarte la beta de la madera en la frente e incluso abres la boca a ver si te cabe la laptop, preguntas -¿cómo puede ser posible?-  y solo recibes un silencio que me atrevería a ponerle el adjetivo de evasivo pues ya te haces escuchando –¿Y a mí que me dices?.. ¡Yo solo los hice y ellos solitos se descompusieron!

Y no es que uno sea masoquista o no  tenga nada que hacer sino que en el activismo  para poder apelar al  único recurso disponible de la persuasión es necesario conocer a tu objetivo, tienes que comprender el porqué del pensamiento para poder desmembrarlo y reestructurarlo de acuerdo a la nueva visión que genere ese cambio anhelado.

La novedad de la venta de patas de cocodrilo como platillo gastronómico en cierto festival de cerveza, vaya que ocasionó discrepancias en las opiniones y lo que para ciertas personas carcundas (como adoro mi diccionario de improperios eufemísticos) era algo vanguardista, para muchos era algo aberrante y cruel.

Se justificaban apelando a la doble moral de quienes estaban en contra por el hecho de vestir y portar artículos de la piel del animal como si la solvencia económica les permitiera a todos darse ese lujo, eso sí, punto a favor de las “carcundas” cuando lanzaban la interrogativa de ¿Y por qué cocodrilo no y cerdo ,vaca, pollo y pescado si?

Pero al final la victoria se la llevo el hombre dueño del planeta al que todo le pertenece y todo fue creado solo para satisfacerle, al que paga para que otros hagan el trabajo sucio de asesinar para deleite de su paladar porque absolutamente todo forma parte de su cadena alimenticia incluso otros humanos.

La crueldad en las granjas industriales no exime a quienes perpetran el asesinato de los animales, incluso ellos terminan tarde o temprano en hospitales psiquiátricos o en cárceles víctimas de la insensibilización y familiarización con la violencia.

Seguimos escupiendo al cielo en cuestión de manejo de recursos ambientales, respeto y trato ético a otras especies, somos tan soberbios que nos burlamos de quienes se preocupan, les llamamos locos, fanáticos e incluso uno que otro homofóbico confunde la sensibilidad al sufrimiento ajeno con homosexualismo.

Normalizamos la violencia a tal grado que la encontramos divertida, si queremos intimidar o denigrar a cierto político matamos ratas y cerdos y les aventamos las cabezas, me pregunto -¿Y los animales que culpa tienen?-.

Hace algunos días leía en un artículo sobre el impacto negativo de efecto traumático en la mente de los analistas de contenido de las redes sociales al estar obligatoriamente expuestos a imágenes crudas repletas de maltrato, violencia,  odio, morbo sin distinción de especie y género en las víctimas, a fin de evitar filtrarlo al público o poder como mínimo advertir al usuario sobre lo gráfico de las imágenes y no pude evitar sentir conmiseración e identificarme con ese sentimiento, tanto en común y sin poder evitarlo porque retirarte es perder la batalla y predestinar a quienes defiendes a la perpetuidad de su sufrimiento; y temes confinarte a la misantropía porque al final dependes de ellos, de su despertar de conciencia cuando sea que este llegue y sabes que así como los analistas están obligados a ver esas imágenes tu estas obligado a leer todos los comentarios y seguir meneando la cabeza en señal de negación hasta que te topes con esas palabras que te hagan sonreír de nuevo y te den el valor de seguir leyendo sandeces…¿¿lo dije o solo lo pensé??  

Recapitulando, comer patas de cocodrilo, alitas de pollo, pierna de cerdo, sesos de vaca o huevos de toro siempre será moralmente incorrecto por lo que se les hace, porque se les priva del derecho a la vida y porque así como existen todas estas alternativas también existe la alternativa sin sufrimiento y solo será cuestión de determinación y fuerza de voluntad.




 

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