Abandono… Reflejo de la humanidad

0

Cuando un perro acaba de ser abandonado la imagen es verdaderamente triste, corren desorientados en estado de  pánico,  intentan desesperadamente alcanzar el carro que los abandonó sin poder explicarse qué sucede, hasta que imposibilitados y agotados, desisten o mueren arrollados por otro automóvil en su intento,  si logran esquivar el peligro, vuelven al sitio donde los abandonaron pensando que quizá fue un error el que cometieron sus antiguos dueños; esperanzados a que vuelvan por ellos pueden pasar semanas sentados en el mismo lugar, pasando hambre, sufriendo las inclemencias del tiempo, con la mirada perdida hacia el horizonte por donde se escurrieron sus momentos de felicidad,  abandonando el sitio solo  por momentos breves para buscar algo de comer o beber pues no vaya a ser que  al regresar  por él no lo encuentren. Y seguramente imaginan y sueñan por las noches el  momento del reencuentro, el anhelo es  lo único que les motiva y sin embargo… ese momento jamás llegará.

Entonces sorteando los peligros que la calle representa, los pocos corren la suerte de ser asistidos por transeúntes, alguien se compadece y les arroja sobras de comida o les dan de beber pero muy pocos hacen lo correcto que es ofrecerles un sitio de resguardo, a  la vasta mayoría los golpean, les ahuyentan a base de agresiones porque tolerar su presencia es mucho pedir y más comprender el dolor que están experimentando, un dolor que nunca sana…el dolor de la decepción. Eventualmente todos mueren, solo es cuestión de días si bien les va, la calle es un sitio letal para ellos y la sociedad el típico  verdugo.

Tal fue el caso del orejón, un pequeño cruza de chihuahua que hace pocos días cruzó la calle desesperado frente al sitio donde trabajo; aguantando la respiración y fastidiado de presenciar situaciones similares anteriormente no me costó trabajo percatarme de la suya, salí apresurado en su búsqueda sin embargo fue infructífero mi intento, corría detrás de un auto que en el empeño de perderlo de vista no respetaba los señalamientos de trafico arriesgando vida propia que si bien me atrevo a decir no vale la pena, también ponía en peligro la de otras personas exponiendo a potencia su estupidez.

Durante dos o tres días intenté ganarme la confianza del orejón dejándole comida, por obvias razones la desconfianza no le permitía que me acercara más y  capturarlo para poder ofrecerle algo mejor, por mi parte el miedo a que en la huida despavorida fuera atropellado también mermaba las posibilidades de auxilio por lo que solo quedaba esperar a que con el tiempo me permitiera tomarlo y ayudarlo. Me relajaba un poco el hecho de que comiera cuando se sentía seguro pero aun así la sensatez me volvía a la realidad de su destino.

Hoy en mi trayecto de desestres rutinario a distancia percibí un pequeño bulto tendido a un costado de la avenida, justo donde orejón solía esperar a que volvieran por él, decidido a tomarlo por sorpresa y agarrarlo contra su voluntad me acerque sigilosamente, sin embargo a medida que me aproximaba comenzaba a extrañarme la inmovilidad y falta de atención del perrito, la alegría de pensar que lo tomaría desprevenido y me saldría con la mía se escabullo por completo al acercarme lo suficiente para darme cuenta que yacía muerto, por la posición y el tamaño en mi mente tuve que forjarme la idea de que la muerte había sido instantánea, sin momentos agónicos y sin sufrimiento, solo así pude omitir de la imagen el charco de sangre que refutaba mi teoría y solo atine a volver minutos después con una bolsa para levantar el cuerpecito y como mínimo darle la despedida que merecía.

Como muchos de nosotros maldije a sus dueños, a la generación de la indiferencia y busque mil culpables, cuestione porque nos resulta tan difícil dejar de verlos como recursos renovables, desechables, como meros receptáculos de valor proporcional asignado de acuerdo a nuestros egocéntricos intereses y no me costó trabajo asimilar que por eso estamos así, el porqué de  los encabezados con las miles de muertes a diario, las imágenes de niños parecidos en el negocio más estúpido inventado por el ser humano que es la guerra y muchas otras cosas más que había venido cuestionándome últimamente, de repente…. Sentí alivio por el orejón, después de todo había escapado de las garras de la vida que lo aprisionaban en este mundo aparentemente sin sentido, donde a veces el mismo dolor nos hace justificar a la muerte como la verdadera liberación, donde el odio, la exclusión, el ego, avaricia y otras heces humanas más sirven de alimento al monstruo contemporáneo denominado ballena azul que devora a nuestros adolescentes y pone en verdadero riesgo nuestro último recurso disponible que nos prive de la extinción….nuestra niñez.

De ahí que no sea solo un perro lo que yacía inerte a un lado de la carretera, en muchos sentidos, era cada uno de nosotros apagándonos poco a poco sin quererlo ver, abandonados, descartados y negados al amor que soberbiamente creemos merecer.

Y seguimos sin hacer nada al respecto.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.